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Hitos de la arqueología subacuática

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Hitos de la arqueología subacuática

Cada año se recuperan del fondo del mar decenas de pecios provenientes de barcos naufragados y ciudades que desaparecieron bajo las aguas.

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Aunque el ser humano lleva siglos ideando artefactos que le permitan bajar al fondo del mar para descubrir y recuperar restos de asentamientos hundidos y naufragios, no fue hasta la invención del buceo autónomo, en los años 40 del siglo pasado, que se logró el pleno desarrollo de la arqueología marina. Si antes para realizar las tareas de localización y extracción de los pecios se utilizaban la intuición, pesadas escafandras, tubos de aire y botas de buzo, en la actualidad, tras décadas de evolución y avances tecnológicos, en la actualidad se emplean sistemas de posicionamiento global (GPS), de ecolocalización, magnetómetros e incluso robots submarinos –los llamados ROV o "vehículos por control remoto"–. Los dos principales problemas a que se enfrenta esta disciplina es la conservación de los objetos una vez sacados del agua, lo que genera no pocos debates y discusiones, así como la competencia de los llamados "cazadores de tesoros" que actúan con criterios poco académicos y al margen de la ley.

 

A continuación se explican algunos de los hitos más importantes de la arqueología subacuática:

El Vasa, un navío de guerra que se recuperó casi intacto

Construido para ser el buque insignia de la armada del rey Gustavo II Adolfo de Suecia, el navío de guerra Vasa hizo su viaje inaugural el 10 de agosto de 1628. Desafortunadamente, la inoperancia de la tripulación y un exceso de cargo provocaron que el barco volcara y acabara hundiéndose en el puerto de Estocolmo pocos minutos después de haber zarpado. La baja salinidad del lugar donde se hundió, unido a las bajas temperaturas del agua y el espeso barro existente en el lecho marino permitieron que el barco naufragado se conservara durante siglos en un óptimo estado. En 1961 fue devuelto a la superficie y hoy se exhibe en un museo de la capital sueca. Foto: Matej Kastelic @ Shutterstock.

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Sac Uayum, una caverna repleta de restos humanos

En enero de 2014, una expedición arqueológica dirigida por Bradley Russell se sumergió en las ignotas aguas del cenote de Sac Uayum, en la península del Yucatán, a la búsqueda de restos de la antigua civilización maya. Tras dos semanas de inmersiones, los submarinistas encontraron en este profundo pozo de agua dulce diferentes cavernas repletas de cráneos y otros huesos humanos. El lugar, temido desde hace siglos por los lugareños, se cree hoy que fue usado como fosa común por los habitantes de la antigua ciudad maya de Mayapán, más que como centro para sacrificios. Foto: © Bradley Russell.

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Heracleion, una ciudad de leyenda muy real

Los restos de la legendaria Heracleion, mencionada por los historiadores griegos pero de la que nunca se había encontrado rastro alguno, aparecieron finalmente en el año 2000, a 2,5 km de la costa y 30 m de profundidad, bajo las aguas de la bahía de Abukir. Esta ciudad, una de las más importantes del antiguo Egipto, se hundió debido a la poca solidez de sus cimientos hacia el siglo II a.C. y quedó enterrada bajo la arena y el barro del delta del Nilo durante casi dos mil años. Los trabajos de localización y estudio del yacimiento fueron dirigidos por el arqueólogo francés Franck Goddio. Entre los restos encontrados destacan unas colosales estatuas, que se cree decoraban los templos de la urbe. Foto: Christoph Gerigk © Franck Goddio/Hilti Foundation.

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El Mediterráneo, cuna de la arqueología marina

El Mediterráneo, espacio de comunicación e intercambio entre algunas de las más antiguas civilizaciones, está repleto de yacimientos subacuáticos. No es de extrañar, por lo tanto, que en sus aguas comenzara la historia de la arqueología marina. En el Egeo, en el siglo XIX, los pescadores de esponjas descubrieron y comenzaron a explotar los campos de ánforas presentes en las costas griegas. Y un poco más tarde, en 1900, se desarrolló bajo las aguas de la isla de Anticitera el primer gran rescate arqueológico, que llevó a la superficie un valioso pecio compuesto por esculturas, cerámica y el más antiguo aparato con engranajes que se conserva. Recientemente, en 2009, se encontró la ciudad sumergida de Pavlopetri, de unos 5.000 años de antigüedad. Foto: © BBC/Youtube.

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Tesoros de porcelana en el Mar del Sur de China

Aunque al hablar de arqueología subacuática suele venir a la cabeza el rescate de una galera en el Mediterráneo o de un galeón en el Caribe, las excavaciones submarinas tienen lugar en todos los mares del mundo, incluso en el Lejano Oriente. Un ejemplo es China, que cuenta con un largo historial de accidentes de navegación y, consecuentemente, de barcos que reposan sobre el lecho marino. Uno de los más famosos es el Tek Sing, una nave de 60 metros de eslora que se hundió en 1822 con 1.500 pasajeros a bordo. Fue localizada en 1999 y de ella se recuperaron más de 300.000 piezas de porcelana. Otro pecio famoso fue el del Nanhai One, compuesto por más de 60.000 objetos de porcelana de la dinastía Song (s. XII-XIII). Foto: © Xinhua. Agencia oficial de noticias del gobierno de la República Popular China.

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Uluburun: un barco con 3.000 años de antigüedad

El Uluburun, un barco que naufragó frente a las costas de Anatolia en la Edad de Bronce, fue encontrado accidentalmente en 1982 por un pescador de esponjas. El rescate del mismo tardó diez años en completarse y de los restos pudieron recuperarse 20 toneladas de objetos, entre los que destaca una magnífica colección de piezas de cerámica, herramientas, armas de bronce, joyas, marfil, así como restos de alimentos –fruta y frutos secos–. La nave, construida con cedro en el siglo XIV a.C., es una de las más antiguas que jamás se han descubierto. Actualmente, se puede visitar en el Museo de Arqueología Submarina de Bodrum (Turquía). Foto: © Georges Jansoon/Wikimedia commons.

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Un santuario marítimo en honor del USS Monitor

En 1973, más de cien años después de su hundimiento frente a las costas de Carolina del Norte, una expedición de la Universidad de Duke encontró bajo las aguas del Atlántico los restos del USS Monitor, el primer buque de guerra blindado de la Armada de los Estados Unidos. La nave, adaptada para la navegación fluvial pero inestable en alta mar, naufragó en 1862 durante una intensa tormenta. En 1998, el ancla del buque fue izada a la superficie y, tres años más tarde, fue rescatado el pecio. En 2003 se recuperó la torreta giratoria del barco. El sitio del naufragio está gestionado actualmente por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y es considerado como santuario marítimo de los Estados Unidos. Foto: © NOAA.

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Tras la pista del legendario Titanic

No podía faltar entre los hitos de la arqueología marina el descubrimiento y posterior exploración de los restos del Titanic, el transatlántico de lujo que se hundió en 1912 tras chocar con un iceberg. Tras décadas de especulaciones e intentos fallidos por localizarlo, en 1985, los oceanógrafos Robert Ballard y Jean-Louis Michel encontraron sus restos bajo las gélidas aguas del Atlántico Norte, a 3.800 metros de profundidad.  Aunque estos descubridores no tocaron nada del barco naufragado, posteriores expediciones comenzaron a recuperar objetos y a ponerlos en el mercado. Se calcula que hoy existen en museos y colecciones privadas más de 2.000 artilugios del Titanic. Foto: © Corbis.

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