¿Sabías que esa planta que sale rodando por los desiertos en las películas del Oeste se llama trotamundos y deja sus semillas para que germinen por el camino? Te lo cuenta Mónica Aceytuno en una nueva entrega de su diccionario.

Las imágenes surgen de una superficie de agua que se activa con el simple contacto de una mano y los sonidos brotan de unas piedras que reaccionan al más mínimo roce. 

Más que obras de arte, parecen elementos resurgidos de antiguos ritos celtas o de alguna arcaica práctica sobrenatural. Sin embargo se trata de dos instalaciones sonoras e interactivas de Scenocosme, un nombre detrás del cual operan los artistas transalpinos Gregory Lasserre y Anais met den Ancxt. A pesar de ser originaria de la región francés de Ródano-Alpes, la pareja no tiene nada que ver con los celtas o los rituales druidas, sino que llevan una larga trayectoria desarrollando trabajos capaces de crear puentes sensoriales entre los seres humanos y la naturaleza a través de la tecnología.

Las dos instalaciones, Kymapetra y Dilution, se pueden ver hasta el próximo mes de marzo en Mémoire du temps, una exposición individual de Scenocosme en el Musée de Millau et des Grands Causses en la localidad homónima, situada en una pintoresca región a los pies de los Pirineos, no lejos de Cataluña. 

Kymapetra de Scenocosme 

Las dos obras son un buen ejemplo para describir el proceso creativo de una pareja de artistas digitales que lleva más de una década desarrollando instalaciones que crean una profunda hibridación entre los elementos naturales, como el agua, la tierra y las plantas y los dispositivos electrónicos y digitales, en un connubio imperceptible donde los dispositivos electrónicos desaparecen del conjunto plástico de las obras. 

 

Kymapetra de Scenocosme 

En Kymapetra denominada también The singing stones (Las piedras sonoras), Scenocosme utiliza los términos de origen griego kyma y petra, que significan respectivamente ola y piedra, para bautizar un conjunto que impulsa al espectador a agacharse y sentarse a su lado. La obra, que evoca también un objeto zen para la meditación, se presenta como un misterioso cuenco lleno de agua, rodeado por unas simples rocas. 

 

 

Sin embargo se trata de una instalación sonora interactiva, que se despierta cuando el espectador pone sus manos en una de las cinco piedras. “Según la intensidad de la energía electrostática generada por el contacto, la persona entra en resonancia con las piedras dando vida a unas sonoridades que van esculpiendo en la superficie del agua unas efímeras vibraciones sonoras”, explican sus creadores, subrayando como las composiciones geométricas y las pequeñas olas varían según la intensidad de la energía electrostática generada por cada cuerpo humano.

A partir de un enfoque poético y minimalista, Kymapetra es una instalación que invita a prestar una especial atención a los protagonistas inorgánicos de nuestra historia biológica, elementos naturales como las piedras, cuyo aspecto y naturaleza están forjados por el agua en los eternos pero incansables tiempos geológicos. 

 Kymapetra de Scenocosme 

El agua también protagoniza Dilution, que también se presenta en la exposición del Musée de Millau. En este caso se trata de una instalación interactiva audiovisual donde el agua actúa de motor generador de la obra, proponiéndose como una interfaz física y reactiva entre la pieza y el espectador. 

 

 

Diluition consiste en un recipiente lleno de agua dotado de una memoria sensible, que se despierta con el contacto de las manos”, explican Gregory Lasserre y Anais met den Ancxt, a propósito de su instalación que se realizó durante una residencia en el Centre Culturel René Char en la región francesa de Digne-les-Bains.  

 

Diluition de Scenocosme

“En contacto con el agua, la energía electrostática generada por las manos se diluye y contribuye a la generación del material visual y sonoro”, añaden los artistas para explicar las breves secuencias de vídeo que cobran vida bajo el agua en el fondo del contenedor, materializando micro paisajes geológicos, representados por diferentes substratos rocosos.

Con obras expuestas en numerosos museos y centros de arte contemporáneo de todo el mundo, Scenocosme ha conseguido dar vida a una línea de investigación muy personal, que logra desvincular el interés del espectador por las inevitables connotaciones tecnológicas, que desaparecen en el conjunto plástico de sus creaciones. Sus instalaciones interactivas tienen un estrecho vínculo con la naturaleza, el medio ambiente y los elementos vivos, como plantas, piedras, agua o madera, y sus delicados y poéticos lenguajes sensoriales logran trasladar las experiencias del espectador hacia una dimensión más cercana a los sueños.

Roberta es periodista especializada en arte contemporáneo y nuevos medios y Stefano en cultura digital. Son autores de El Arte en la Edad del Silicio, un espacio permanente dedicado al new media art en El País.

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