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El permafrost ártico, en riesgo por el calentamiento global

El derretimiento del permafrost ártico ha alcanzado un punto crítico. Esta es la dura conclusión de un nuevo estudio que apunta a que el Ártico libera más carbono a la atmósfera del que absorben las plantas de la tundra. Un total de 600 millones de toneladas al año. La causa, el calentamiento global, que está derritiendo el permafrost.

La capa de hielo congelado que se encuentra en las áreas próximas a los polos de Canadá, Alaska, Siberia, Tíbet, Noruega y en varias islas del océano Atlántico sur recibe el nombre de permafrost. Compuesto por dos niveles, perfelisol -el más profundo- y el molisol -el más superficial-, el permafrost posee una extensión variable dependiendo de su ubicación. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), a causa de la subida anual de la temperatura global en 0,12ºC, esta capa de hielo congelado está perdiendo del 40% de su espesor.

Un deshielo que destapa un grave problema. A lo largo de cientos de miles de años, el permafrost ártico ha acumulado grandes reservas de carbono orgánico -entre 1,4 y 1,85 millones de toneladas métricas-. En consecuencia, su derretimiento produce que esas reservas de CO2 salgan a la atmósfera.

Un proceso que, según una nueva investigación, ha alcanzado un punto crítico, dado que el suelo ártico se ha calentado a unos niveles tan elevados que ha liberado más carbono en invierno que el que las plantas del norte pueden absorber durante el verano. Por tanto, la tundra global ha pasado a ser una fuente adicional de gases de efecto invernadero junto a las emisiones provocadas por el ser humano.

Científicos de hasta doce países han realizado una investigación a través de la instalación de detectores de CO2 en el suelo de más de 100 lugares alrededor del Ártico para recoger información sobre qué está sucediendo, obteniendo más de mil mediciones. Los datos apuntan a una severa crisis de los sistemas naturales del norte, dado que ahora está comenzando a emitir carbono, cuando anteriormente, por el contrario, impedían su liberación a la atmósfera.

Durante la investigación comprobaron que se libera mucho más carbono del esperado, alrededor de 1.700 millones de toneladas por año, el doble de estimaciones previas. Teniendo en cuenta que las plantas de la tundra ártica absorben más de mil millones de toneladas de gas de la atmósfera, se estima que los suelos del Ártico emiten más de 600 millones de toneladas por año.

Aunque se pensaba que las emisiones de invierno se compensaban con las absorciones, estos nuevos datos muestran una inversión de estos términos debido al derretimiento del permafrost. Situación que se agravará debido al calentamiento global: cuanto más aumente este, más lo harán las emisiones.