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Un viaje sin retorno

El globo azul se fue haciendo cada vez más pequeño mientras la nave espacial se alejaba, dejando en el planeta tierra a mis padres. Al recordar esto, no pude contener mis lágrimas.  Pero entonces un hombre me tomó del brazo y me dijo: “Oye niño, deja de mirar a ese planeta extinto. Te salvamos para que trabajes, no para holgazanear”. Y mientras me arrastraba hacia donde los demás niños estaban, volteé hacia la ventana en busca del punto azul, pero solo quedaba la oscuridad del espacio.
Felipe de Jesús Gil Cobá