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¿Qué se nos funde si se funde el Ártico?

15 de Diciembre de 2014

El deshielo del Ártico puede tener consecuencias imprevisibles para nuestro clima. Esta alerta, que los científicos se afanan en transmitir desde hace años, hace referencia al importante papel que juega la corriente termohalina del golfo o gulf stream que sube desde el golfo de México hasta el Ártico transportando las aguas calientes que atemperan el clima en Europa.

Hace años publiqué un libro divulgativo sobre el cambio climático (“Pingüins a l’Empordà”/ Random House Mondadori, 2005) junto al profesor Josep Enric Llebot, catedrático de Física de la materia condensada y decano de la facultad de ciencias de la UAB, sobre la relevancia de las corrientes oceánicas en la modulación del clima planetario y el grave riesgo de que se vean alteradas como consecuencia del calentamiento global.

De mis conversaciones con el Dr.Llebot recogidas en el libro aprendí que, a nivel climático, la corriente del golfo es, por ejemplo, la responsable de que los países europeos tengamos inviernos mucho más suaves que nuestros vecinos al otro lado del océano pese a estar en la misma latitud. Así, se calcula que la diferencia de temperatura entre ciudades como Lisboa, Madrid o Barcelona respecto a otras como Boston, Toronto o Detroit puede llegar a superar los veinte grados centígrados gracias a la acción de esa corriente oceánica.

Y es que, según datos aproximados, la potencia calorífica que transporta la gulf stream equivale a mil millones de megavatios, o lo que es lo mismo: la que generarían alrededor de un millón de centrales nucleares de potencia media.

Pero esta inmensa polea que actúa como una caldera natural podría entrar en crisis como consecuencia del calentamiento global hasta el límite de llegar a detenerse. Si ello ocurriera tendría consecuencias difíciles de predecir, entre ellas la de un cambio repentino y radical del clima europeo con un pronunciado descenso de las temperaturas.

Según los científicos que la estudian, las temperaturas de la corriente del golfo marcan escalones considerables a lo largo de su peregrinación oceánica. De hecho, cuando las aguas templadas del Golfo de México llegan al Atlántico Norte su temperatura media, que ronda los diez grados centígrados a la altura del paralelo cincuenta, se precipita en un corto recorrido hasta caer por debajo de los tres grados cuando alcanza el paralelo sesenta cinco, tornándose más saladas y densas.

Es entonces cuando el agua fría se hunde y comienza a girar hacia abajo y retroceder, dejando que le pase por encima la que viene detrás, más caliente y menos densa. Este equilibrio de las masas de agua a diferentes temperaturas, al entrar en contacto con las primeras capas atmosféricas, determina la relación entre las bajas y altas presiones que caracterizan nuestro clima.

Un equilibrio mucho más frágil de lo que podemos imaginar, y que se rompería si las aguas del Atlántico Norte se volvieran más dulces y subieran un poco (no hace falta que el cambio fuera demasiado acentuado) de temperatura. Algo que podría estar ocurriendo, pues el rápido deshielo del Ártico está alterando la salinidad del océano, lo que dificulta que la lengua de la corriente del golfo, el punto en el que el agua caliente comienza a enfriarse, hundirse y retroceder.

Para el investigador del cambio climático Peter Wadham, catedrático de física de los océanos en la Universidad de Cambridge (Inglaterra), los datos que se están recogiendo en los observatorios del Atlántico Norte hacen prever una fusión total de la capa de hielo (debajo del Ártico, al contrario que ocurre en la Antártida, no hay tierra) entre el año 2020 y el 2080. Según los expertos, en un escenario como éste la corriente del golfo podría responder de manera imprevisible, incluso es posible que llegara a paralizarse por completo. Si ello llegara a ocurrir se produciría un descenso repentino y muy significado de las temperaturas medias, lo que nos enfrentaría a un escenario climático radicalmente distinto al que disfrutamos en la actualidad los ciudadanos europeos.

Por eso cuando las organizaciones ecologistas y los científicos del panel de expertos en cambio climático de Naciones Unidas (IPCC) piden medidas urgentes para salvar el Ártico no están hablando tan solo de proteger a los osos polares, sino de evitar que, con el hielo, se fundan las condiciones de vida que venimos disfrutando muchas generaciones de humanos.

ACERCA DEL AUTOR

José Luis Gallego
Divulgador ambiental, naturalista y escritor. Colaborador habitual de TVE, TV3, La Vanguardia y Onda Cero. http://www.ecogallego.com/
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