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Mar de Aral, crónica de una muerte anunciada

La desecación casi total del mar de Aral, el cuarto lago más grande del mundo hasta hace poco más de medio siglo, está considerado como uno de los desastres ecológicos más vergonzosos llevados a cabo por el ser humano.

 

Y es que, como han confirmado diferentes testimonios, se llevó a cabo de forma consciente y premeditada.

Todo comenzó en la década de los 60, cuando las autoridades de la antigua Unión Soviética diseñaron y desarrollaron un plan para convertir los territorios desérticos de Asia Central en el mayor centro algodonero del mundo.

Dado que el clima árido de la región no posibilitaba el cultivo de la planta, los mandatarios del Kremlin pusieron en marcha un ambicioso proyecto cuya función era activar las maquinarias de extracción del agua, con el fin de reconducirla a través del sistema de canales para poder regar los campos de cultivo de algodón.

Las primeras víctimas de esta catástrofe medioambiental fueron el propio ecosistema y la próspera comunidad pesquera que vivía de él.

De las 30 especies de peces que vivían en el lago, hoy apenas quedan cuatro.

También el clima cambió. Al verse tan reducido el mar de Aral, descendieron las precipitaciones y las temperaturas se hicieron cada vez más extremas.

Actualmente, la porción norte se está recuperando, debido al dique Kokaral que el Gobierno de Kazajistán construyó para impedir que las aguas fluyeran hacia el lado izquierdo del mar.


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