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Reportaje

La filosofía ‘off-the-grid’: Los nuevos ‘Walden’ en busca de sostenibilidad

De un tiempo a esta parte, el término inglés off-the-grid, que puede traducirse como desconectado, ha tomado cierta relevancia global. Se trata de una filosofía que apuesta por una vida basada en una total autonomía y autosuficiencia, sin conexiones a redes eléctricas y sin usar servicios esenciales, ya sean públicos o de otra índole. Una tendencia o moda de alcance internacional que, en el fondo, recupera espíritus pasados, aunque posee sus contradicciones.

¿Los nuevos Walden?

Como si de modernos Waldens se tratase, hablamos de individuos o colectivos que buscan una vida que se presenta como independiente, con cierto aliento aventurero o bohemio y que, a priori, para quienes la abrazan, está llena de ventajas, desde prescindir de pagar facturas y tener gastos innecesarios hasta vivir lejos del bullicio urbano y alejarse por completo de las imposiciones de la vida más normativa en la que nos encontramos. Para aquellos que buscan lo off-the-grid, nuestra sociedad se basa en unas necesidades y en unos servicios que vienen ofrecidos por otros, produciendo en algunos casos una cierta ansiedad vital debido a tal grado de dependencia. De ahí esa búsqueda de suministrase uno mismo aquello que otros ofrecen, como la electricidad o la comida. Hablamos de un modo de vida autogestionado, al menos en su teoría, para quienes desean vivir desconectados, que no aislados. O no del todo.

El off-the-grid no tiene nada que ver con otras tendencias similares como el ‘neoludismo’ o el ‘survivalismo’. La primera rechaza del todo la tecnología, dado que la considera una amenaza; la segunda, mucho más radical, proclama la necesidad de organizar la vida para regresar a las formas del medioevo. El off-the-grid, en verdad, es bastante más flexible de lo que parece. De hecho, dentro de esta filosofía se suele incluir también a los llamados ‘nómadas digitales’, aquellas personas que han abandonado las ciudades para trasladarse a vivir y a trabajar en la naturaleza, pero cuyo trabajo precisa de conexión a internet para poder llevar a cabo su labor profesional. Trabajadores freelance que no están sujetos a una presencia fija en oficinas y que deciden alejarse, pero que no pueden renunciar a su condición de trabajadores digitales y a las necesidades tecnológicas que implica.

Por supuesto, hablamos de un movimiento o filosofía de vida muy general, y cada caso concreto depara una historia y unas motivaciones diferentes, pero no se puede obviar que detrás de algunas de estas elecciones se encuentra también no pocas contradicciones, como aquellos que optan por el off-the-grid y muestran su vida a través de redes sociales, por ejemplo. Una paradoja sobre todo para quienes, de manera más radical, no hablamos de los ‘nómadas digitales’, han tomado esa decisión basándose en un alejamiento de las comodidades de la vida urbana y todo aquello que esta significa.

En busca de comunidades sostenibles

Ahora bien, sin llegar a ciertos extremos, existen otras tendencias para alejarse de la urbe y de la organización social más normativa, pero usando las tecnologías. Al fin y al cabo, la tecnología puede mejorar la calidad de vida de muchas personas, sobre todo en aquellas zonas en las que vivir desconectados no es tanto una elección vital, puntual o duradera, como toda una adversidad. La tecnología puede permitir, por ejemplo, creación de infraestructuras más ecológicas, eficientes y sostenibles que creen viviendas desconectadas para responsables con el medio ambiente. O permite el desarrollo de zonas alejadas, cuando no completamente aisladas.

Pero dentro de estos nuevos Walden, existen comunidades que van más allá del mero impulso de abandonar la ciudad y las supuestas comodidades que ofrece, proponiendo y construyendo otras posibilidades de convivencia en comunidad que ofrezcan modelos alternativos a la ciudad. Es el caso, por ejemplo, de Regen Villages, en Holanda. Allí, se ha creado una eco-ciudad a partir de la innovación tecnológica que se usa desde una perspectiva sostenible y autosuficiente a la hora de crear energía o producir alimentos.

También en Holanda se encuentran otros dos experimentos de comunidades off-the-grid. Por un lado, las casas flotantes diseñadas por el arquitecto Marlies Rohmer, que, aunque más o menos integradas en la ciudad, proponen formas alternativas y sostenibles de abastecimiento y, sobre todo, de convivencia con el agua de manera mucho más cercana, algo que, sin duda, una ciudad como Ámsterdam facilita. El otro, los Buiksloterham, una comunidad autoconstruida que usa la tecnología digital para coordinar un amplio sistema de abastecimiento.

Las nuevas granjas sostenibles

En otros aspectos, también se han creado migraciones desde las ciudades para volver al campo con el objetivo de crear granjas familiares. En el libro Farmlife: From Farm to Table and New Country Culture se recogen imágenes y testimonios de muchas parejas que tomaron la decisión de llevar a cabo ese movimiento. Algunas por cuestiones de simple agotamiento de la urbe; otras por conciencia social ante el deterioro de la Tierra en busca de aportar con su trabajo soluciones prácticas y sostenibles; en algunos casos, incluso, como forma casi política de rebelarse contra el sistema y buscar una alternativa social. Producir alimentos de manera sostenible y ecológica, eligiendo además el sistema alimentario que se desee, parece estar en mente de todos ellos.

El fotógrafo y cineasta Robin Mellor, después de realizar un documental en Estados Unidos sobre diferentes comunidades que se habían levantado en el desierto, buscó propuestas alternativas en Reino Unido. Tras encontrar varias de ellas, fue visitándolas interesado en esa tendencia off-the-grid que tenía tan cerca, pero a la que nunca había buscado en su país. De ahí surgió una serie de fotografías titulada “A Very British Utopia” acompañada de entrevistas, encontrándose pequeñas comunidades autosuficientes compuestas por individuos que habían llegado a ellas por diferentes motivos, pero siempre bajo una conciencia más o menos formada de querer no solo vivir de una manera diferente, también de aportar en la medida de lo posible soluciones sostenibles para el planeta.

Otro ejemplo, en Australia, es Milkwood, granja iniciada en 2007 por Kirsten Bradley junto a su familia y cuyo éxito ha servido de ejemplo. De hecho, se presenta en todo el país como modelo gracias a que han creado un sistema agrícola, social, político y económico sostenible y basado en el ecosistema natural.

De la España vacía al off-the-grid

En España el abandono de las zonas rurales es un hecho en muchas comunidades, como demostró Sergio del Molino en su libro La España vacía, editado por Turner. El espacio campestre español es tan atractivo para el llamado turismo rural como áspero cuando se piensa en una vida continuada allí si uno está acostumbrado a las comodidades de la ciudad. No es lo mismo pasar un fin de semana rodeado de silencio y calma que hacerlo todos los días. Al menos, para una gran mayoría. La organización económica y social alrededor de los centros urbanos ha ido vaciando los espacios rurales, a pesar de que las ciudades están cada vez más llenas, la contaminación crece de manera exponencial y el tiempo y la calma cada vez son bienes más preciados.

Desde la Unión Europea se lanzó el programa Leader para luchar contra la despoblación y el abandono del campo. Aunque lento, el proyecto ha dinamizado oportunidades de emprendimiento dentro del mundo rural, impulsando a otras iniciativas. Por ejemplo, la Red Española de Desarrollo Rural, ofrecen desde acciones locales, todo tipo de asesoramiento para poder poner en marcha negocios en entornos rurales, enfocando la actividad tanto a arrancar un negocio como a ayudar a que la zona se nutra de ello, siempre desde un total respeto hacia el entorno. Dado el auge del interés, insistimos, en crecimiento pero todavía insuficiente como para producir un movimiento que pueda producir un cambio real a medio plazo, asociaciones como Red Rural Nacional o Red Europea de Desarrollo Rural, ofrecen todo tipo de información al respecto, como también lo hace la Asociación Española Contra la Despoblación, agentes activos en facilitar todo tipo de ayuda a la hora de tomar la decisión de un desplazamiento que, hace décadas, parecía casi imposible de concebir.

Ya sea por moda, de manera temporal o fija, con las ideas más o menos claras o movidos por impulsos, por conciencia con la sostenibilidad o por necesidad individual de vivir con más calma, por trabajar en entornos más tranquilos, o por cualquier otro motivo, lo cierto es que de manera global son cada vez más los que parecen buscar ese off-the-grid en sus diferentes posibilidades. Formas de vidas alternativas, a pesar de que podamos encontrar contradicciones, incluso puro postureo en algunos casos. Pero lo cierto es que, si algo demuestra este creciente interés, es la necesidad de cambiar hábitos de vida y tipos de organizaciones sociales hacia una mayor sostenibilidad.