La Huella Hídrica: un indicador para ser más ‘eco’

Desde 2002 hablamos de Huella Hídrica. Pero ¿tenemos claro qué es?, ¿cómo se mide?, ¿cuál es su gran importancia para poder actuar por un planeta más sostenible?

1.385 metros cúbicos. Esta es la Huella Hídrica anual media que genera cada persona, es decir, la cantidad de agua dulce que ha hecho falta, siguiendo un consumo diario convencional, para lavarse, vestirse, alimentarse, desplazarse… Por eso es importante conocer la Huella Hídrica tanto de cada persona como de países, empresas, organizaciones…, porque aporta una información precisa sobre el gasto de agua global, incluso de aquella que creemos que no estamos consumiendo.

El gasto del agua se mide en términos de volúmenes de agua consumidos -evaporado o incorporados a un producto determinado- así como aquella que se ha contaminado durante el proceso. A partir de esta medición, se puede calcular para un producto, pero también para un individuo, un grupo -una familia, un pueblo, una ciudad, una provincia, un estado, una nación) o para productores y/o consumidores -organizaciones públicas y privadas, empresas, asociaciones…-.

El concepto de Huella Hídrica

En 1993, el investigador John Anthony Allan, del King’s College de Londres, acuñó el concepto “Agua Virtual”, para definir el volumen de agua necesaria para elaborar un producto o para facilitar un servicio. El concepto “Huella Hídrica” nació en 2002 de la mano de los investigadores de la Universidad de Twente (Países Bajos) Arjen Hoekstra y Mesfin Mekonnen. Desde entonces, han surgido diferentes iniciativas, como la de la Water Footprint Network (WFN) o la de la ISO 14046, que han trabajado, y trabajan, en comunicar la relevancia de conocer la huella hídrica con el fin de lograr información sobre el consumo real de agua, así como del uso que hacemos de ella. Un indicador medioambiental que puede medir el impacto humano en los recursos hídricos del planeta. Recursos que son de gran valor para el planeta, pero, a su vez, tan escasos.

Por tanto, la Huella Hídrica de un producto se define como el volumen de agua consumido tanto de forma directa como de forma indirecta para su producción. Es decir, se tiene en cuenta tanto las fuentes acuáticas subterráneas como superficiales y toda el agua que se ha empleado para la producción y distribución de dicho producto. Cuando escribimos, por ejemplo, en una hoja de papel, no sabemos que para tenerla delante se han necesito aproximadamente 10 litros de agua, o que un pantalón vaquero ha costado 10.000 litros de agua en todo su proceso de producción.

Tipos de agua

Dentro de la medición de la Huella Hídrica se consideran dos tipos de consumo o gasto de agua. El primero, directo es aquel que surge de la fabricación de un producto, incluyendo el agua utilizada y la contaminada durante el proceso, así como el agua que se ha incorporado como ingrediente (en caso de que haya sido necesario). El segundo, indirecto, se corresponde con toda el agua que ha sido necesaria para producir las diferentes materias primas durante su proceso de fabricación.

De lo anterior surgen tres tipos de aguas:

  • Huella Hídrica verde: procede de la lluvia y de la nieve y que el suelo retiene. Agua que luego es incorporada al producto y que permanece almacenada en el suelo de forma superficial y que es parte de un proceso de absorción por parte de las plantas que devuelven el agua a través de la evapotranspiración a la atmósfera. Un tipo de agua muy relacionada con los productos agrícolas, por ejemplo.
  • Huella Hídrica azul: procede de ríos, lagos y acuíferos. El agua se capta de fuentes naturales o artificiales, también superficiales o subterráneas, a través de infraestructuras. Se relaciona con el gasto de agua dulce evaporada, que se incorpora en el producto, y después se devuelve a otra cuenca, y con el consumo directo de agua dulce en los procesos de fabricación. El agua de riego es fundamental en este apartado.
  • Huella Hídrica gris: se relaciona directamente con la calidad del agua y su contaminación por los vertidos que se han producido durante un determinado proceso y que posteriormente requiere de un tratamiento. Es necesaria para que el medio receptor pueda asimilar los contaminantes vertidos.

Su importancia a nivel mundial

El contexto actual en el que vivimos, y que condiciona el futuro más inmediato, está marcado por una escasez de agua dulce que se debe a tres elementos. Estos elementes están interconectados entre sí y son; el cambio climático, el aumento de población y una mayor presión sobre los recursos hídricos. Por tanto, la necesidad de gestionar un buen uso del agua se presenta como totalmente necesario como forma de mitigación y cambio de los tres elementos mencionados. Por ejemplo, se estima que alrededor del año 2025 cerca del 70% de la población mundial vivirá una situación de estrés hídrico. El gasto de agua dulce en determinadas zonas será más elevada que la cantidad disponible. Habrá una clara restricción de su uso debido a las malas condiciones, por la contaminación, que tendrá el agua.

Conocer la Huella Hídrica se traduce en conocer un consumo que afecta a todo lo anterior y puede dar pie a soluciones y medidas. Posee una clara localización tanto espacial como temporal, lo cual ayuda a poder concretar su medición, ya sea aplicándola a un país o estado, a una región o a un individuo en particular. Es decir, se puede considerar desde un uso amplio a uno más particular. Esto produce unos datos cuantitativos que ayudan a conocer el gasto de agua y, por tanto, llegar a conclusiones generales con relación a las problemáticas expuestas para tomar medidas sostenibles y eficientes. Aunque es una cuestión global, las soluciones empiezan a nivel local, tomando medidas a partir de los indicadores que la Huella Hídrica ofrece.

Acciones para reducir la Huella Hídrica

Tanto productores como consumidores tienen en su mano la posibilidad de reducir la Huella Hídrica. Debemos tener en cuenta que, en algunos casos, podemos ser tanto productores como consumidores. Por tanto, tenemos una doble responsabilidad a la hora de tomar conciencia sobre qué hacer para disminuirla. A continuación, algunos consejos que pueden llevarse a cabo:

  1. Tener en cuenta la economía circular y recordar las tres erres: Reduce, Reutiliza y Recicla. Si eres productor, es muy importante implementar una economía circular.
  2. Lleva a cabo consumo responsable, no compres aquello que no necesitas.
  3. Aunque el reciclaje es importante, a veces es mejor pensar si aquello que ya no vas a usar otra persona pueda necesitarlo.
  4. Reduce el consumo del transporte en coche en la medida posible.
  5. No abusar ni de la calefacción ni del aire acondicionado.
  6. Antes de bañarte, dúchate. 5 minutos de ducha equivale a 100 litros de agua.
  7. Ahorra toda el agua posible en tu consumo diario con reductores en duchas, grifos e inodoros. No dejes el grifo abierto mientras te lavas los dientes, por ejemplo.
  8. Consume más vegetales y menos carne, dado que se necesitan muchos más litros de agua para producir un kilo de carne que uno de vegetales.
  9. Usa la lavadora siempre llena para un mayor aprovechamiento del agua.
  10. Consumir productos fabricados de manera próxima. Es decir, comercio justo.
  11. Adquiere ropa que certifique el tratamiento de sus aguas residuales o bien que se fabrique con materiales reciclados.
  12. Ahorra toda la energía posible, ya sea en casa o en el trabajo, apagando los dispositivos eléctricos y la luz cuando no se estén utilizando. También usando bombillas de bajo consumo.