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El tobogán de la basura sobre el río

13 de Octubre de 2015
Hace unos años tuve el honor de presentar la conferencia de la experta internacional en gestión de residuos Albina Ruiz, doctora en ingeniería química (IQS), directora del proyecto latinoamericano “Ciudad Saludable”, consultora del Banco Mundial y profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). 

Desde aquel encuentro del que surgió una relación de amistad, no he dejado de seguir la interesante labor que desarrolla esta activista medioambiental en su doble tarea como experta en la gestión ambientalmente responsable de nuestras basuras y promotora del desarrollo de las comunidades locales latinoamericanas a través del reciclaje. 

Los residuos no son basura

Ambos compartimos la idea de que los residuos no son basura y venimos defendiendo desde hace muchos años que la recogida selectiva y la recuperación de sus materiales son uno de los principales motores de la economía circular y el empleo verde. Pero sobretodo promovemos la necesidad urgente de habilitar medidas eficaces para evitar su vertido incontrolado y el impacto ambiental que genera, en especial en el medio acuático. Un terreno en el que queda una gran labor por realizar en la mayoría de países latinoamericanos, donde siguen sin implantarse las adecuadas instalaciones medioambientales para la correcta gestión de los residuos.

Recuerdo uno de los casos que me contó Albina para ejemplificar esa carencia de infraestructuras y la falta de ambición de las autoridades latinoamericanas por proteger su patrimonio natural y en especial sus fabulosas reservas de agua dulce.

En una pequeña capital fluvial de uno de los ríos más importantes de América Latina se había organizado un acto festivo para celebrar la inauguración de una “moderna” instalación de residuos que iba a permitir clausurar el vertedero de basuras que había a las afueras de la localidad.  Hasta allí se habían desplazado políticos, autoridades locales y medios de comunicación.

Gigantesco tobogán de basura

La cita era junto al río, en cuya elevada orilla se había instalado un gigantesco tobogán, como los que utilizan los esquiadores en las pruebas de saltos de altura. La rampa tenía su base en una instalación alambrada, protegida por una puerta de acceso con un guarda de seguridad, y acababa sobre el cauce del río tras salvar el barranco fluvial.

Acabados los actos preliminares, y una vez que la autoridad competente procedió a cortar la cinta inaugural, apareció un camión de las basuras en las instalaciones que, dando marcha atrás, se situó en un punto protegido justo sobre la pendiente metálica y procedió a vaciar la carga sobre ella. Y allí cayeron todas las basuras, sin separación alguna ni tratamiento previo de inertización para, deslizándose por el tobogán, caer sobre las aguas, momento en el cual las autoridades y el pueblo allí reunido rompieron a aplaudir con gran emoción y la banda de música empezó a tocar.

Esa era la gran apuesta para la gestión de los residuos. Ese es el enfoque que en muchos lugares siguen teniendo a la hora de afrontar el problema de las basuras: hacerlas desaparecer. Y qué lugar mejor para ello que la corriente del gran río.

La gestión ambientalmente irresponsable de los residuos no solo resta oportunidades de desarrollo local, sino que genera uno de los mayores impactos de la sociedad en el entorno natural que la acoge. Un impacto con graves consecuencias para la salud de las personas y la del medio ambiente. 

Utilizar las aguas de los ríos como disolvente de los dilemas ecológicos a los que, como en el caso de las basuras, debemos hacer frente ha sido uno de los mayores errores que hemos cometido, acaso el más peligroso. Un disparate ecológico que por suerte hemos empezado a corregir a este lado del Atlántico en base a la experiencia acumulada. 

Nuestra obligación ahora es trasladar esa experiencia a aquellos países que siguen sin actuar de manera responsable al respecto. Compartir conocimiento, tecnologías y  poner en marcha procesos de colaboración para apoyar a figuras como la de Albina Ruiz y su “Ciudad Saludable”, una organización ejemplar que lucha por implementar un nuevo modelo de gestión de los residuos basado en la responsabilidad ambiental, el desarrollo local y la economía circular. Esa es la distancia que separa el tobogán sobre las aguas de la planta de reciclaje.

ACERCA DEL AUTOR

José Luis Gallego
Divulgador ambiental, naturalista y escritor. Colaborador habitual de TVE, TV3, La Vanguardia y Onda Cero. http://www.ecogallego.com/
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