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El pulmón olvidado

27 de Junio de 2016
Recuerdo bien cuando en los años ’70 había un esbozo de concienciación hacia lo que le estaba ocurriendo al bosque tropical del Amazonas. El “pulmón del planeta” estaba siendo sistemáticamente agredido por empresas madereras, construcción de carreteras y embalses, explotación agrícola y ganadera…todos identificamos esa zona como la que más oxígeno daba a través de sus plantas.

La “medalla” de pulmón del planeta se extendió a otros bosques tropicales como los del centro de África o Indonesia, lugares donde los maravillosos bosques con exuberante vegetación iban procesando el CO2 para transformarlo en parte en O2. La destrucción de esos lugares nos afectaba (y afecta, ahora más que nunca) por ser una parte fundamental del funcionamiento del planeta.

Sin embargo, pasaba el tiempo, los estudios avanzaban y la cantidad de oxígeno producida por las plantas empezaba a equilibrarse. Unos microsópicos organismos que viven en nuestros océanos, mucho menos majestuosos (pero preciosos en sus formas, colores y texturas), demostraron ser el auténtico pulmón del planeta: las algas. Dinoflagelados, diatomeas, cocolitofóridos…nombres raros para criaturas increíbles. Pequeñitas, de unos 5-50 micrómetros (muy inferiores a un milímetro) de tamaño, flotan entre aguas en la zona donde hay luz captando el CO2 de la atmósfera que se ha disuelto en el agua y liberando O2 que respiramos. Mucho O2. Muchísmo. Trabajan en silencio, como lo han hecho durante centenares de millones de años, y apenas las conocemos. Ignoradas casi por completo, son las responsables de un 50% aproximadamente del oxígeno que tú y yo respiramos. Otro 20% lo producen algas y plantas marinas más grandes… o sea, que nuestros bosques terrestres producen un 30%, aproximadamente.

Vuelve a mirar el mar. Vuelve a sentarte a observar el océano. En silencio, te está dando la vida. No desdeño ese 30% de oxígeno que me dan las plantas terrestres, pero nuestra supervivencia viene directamente de esos océanos a los que hoy dedicamos un mísero día. Esas algas microsópicas, de formas caprichosas y adaptaciones increíbles a todos y cada uno de los ambientes  en los que viven (desde las que viven en la Antártida a -2ºC hasta las que han decidido aliarse con los corales para vivir en su interior en mares tropicales), junto con sus hermanas más visibles (algas grandes como el Kelp que forman catedrales vegetales o nuestra Posidonia que ha sido diezmada de forma sistemática en todo el Mediterráneo) son las que te permiten vivir.

Y también, en silencio, lo tienen cada vez más difícil. Muy preocupados, los científicos vemos como el cambio climático y nuestra equivocada manera de gestionar los recursos está consiguiendo cambiar sus ciclos, su capacidad de supervivencia, su capacidad de crear oxígeno . Porque al calentarse las aguas y al acidificarse, unas especies tienden a ser menos abundantes, otras tienden a proliferar, pero en general los niveles de oxígeno disuelto en el agua tienden a bajar. Y si baja en los océanos

¿Cómo creéis que se va a trasmitir a la atmósfera? No, no os preocupéis. No moriréis de asfixia…, siempre habrá oxígeno suficiente, pero toda la productividad del planeta se verá (se ve ya ahora) profundamente afectada. La incertidumbre, promovida por la ignorancia y la inactividad, nos va conduciendo de forma cada vez más acelerada a un mundo distinto que no augura nada bueno.

ACERCA DEL AUTOR

Sergio Rossi
Científico, publica libros para niños, ecothrillers, ensayos críticos y numerosos artículos científicos en revistas especializadas y de divulgación en diarios y revistas como El País, Público, Quercus, Muy Interesante y Jot Down.
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