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Cuando despertó el cambio climático todavía estaba allí

25 de Noviembre de 2014
La necesaria conciencia social para luchar contra el cambio climático
Todos los que amamos la vida en este planeta, todos cuantos consideramos que habitarlo y disfrutar de él es nuestra mayor fortuna, vivimos con desesperación la falta de interés de buena parte de la sociedad por el mayor dilema al que se enfrenta la humanidad: el cambio climático.

Desde hace tiempo sigo con mucho interés las grandes movilizaciones ciudadanas que se dan en diferentes países y por diferentes causas reclamando mayor justicia social y mas equidad norte/sur. Son la respuesta activa de una sociedad despierta que lucha por otro mundo posible.

Sin embargo, y más allá de fenómenos puntuales como la gran manifestación del pasado 21 de septiembre en Nueva York, ¿por qué somos tan pocos los que nos echamos a la calle para pedir que nuestro planeta siga siendo posible? ¿Acaso no sentimos como propia la amenaza del cambio climático? ¿Dónde está el error divulgativo? ¿Por qué no conseguimos interesar a toda esa gente que reclama otro mundo posible? ¿Por qué no estamos siendo capaces de demostrarles que de nada serviría cambiar el contenido (el mundo) si lo que nos cambia es el continente (el planeta)?

Hay quien no actúa porque ha decidido instalarse en la desleal y falsa creencia de que el cambio climático, aún siendo cierto, no nos va a pasar a nosotros. Gente que tiene la certeza de estar condenando a las generaciones a la incertidumbre, a vivir en un planeta mucho menos confortable para nuestra especie, pero aún así no actúan.

No nos va a pasar a nosotros –piensan- y esa es la primera coartada que presentan para justificar su inacción. Pero es que –siguen argumentando- aunque el cambio climático fuera cierto, ya no estamos a tiempo de evitarlo. Esa es la segunda excusa, que resulta incluso más inadmisible.

¿Por qué actuar en la lucha contra el cambio climático? 

El veterano historiador y economista norteamericano Gar Alperovitz, una de las voces más reconocidas del activismo social contemporáneo, publicaba un brillante artículo hace unos días en su columna de AlJazeera América en el que denunciaba esa postura con un titular de lo más explícito: “El pesimismo respecto al cambio climático no justifica la inacción”

“Después de todo, si la situación no tiene remedio, ¿por qué actuar?” esa es la frase a partir de la cual el autor teje una brillante respuesta con la que intenta seducir a los indiferentes ante la amenaza del calentamiento global. Y es que ninguno de los informes científicos que alertan de las graves consecuencias que puede tener un calentamiento desbocado (aumento del nivel del mar, inundaciones, colapso de los sistemas hídricos, disminución de la producción agrícola, aumento de las enfermedades tropicales, migraciones masivas y otras) establece con precisión donde se encuentra ese punto de no retorno, el umbral a partir del cual el camino hacia la catástrofe sería irreversible. 

Los científicos nos explican que un aumento de la temperatura media superior a los cuatro grados nos conduciría a los peores escenarios posibles. Pero también sabemos que el clima es un sistema complejo y caótico que puede reaccionar de manera inversa al calentamiento, y que si reaccionamos a tiempo, todos juntos, como especie, podemos eludir esos escenarios. Y el primer paso para eludir la incertidumbre es una mayor movilización social, mucho más activa, como la que se está dando en otros campos de nuestra sociedad.

Un problema que necesita solución inmediata

La escritora canadiense Naomi Klein, destacada líder del movimiento antiglobalización, lo deja muy claro en una cita recogida por Alperovitz en su artículo: “Sólo los movimientos sociales de masas pueden salvarnos ahora” (anota Klein). O dicho de otro modo: de nada servirá el histórico acuerdo de los presidentes Barack Obama y Xi Jinping si tus vecinos siguen pensando que el cambio climático no va con ellos.

Por eso es tan importante difundir el espíritu de concordia que reclama Alperovitz en su artículo, porque “necesitamos a todo el mundo, incluso a aquellos que no creen que el calentamiento global puede detenerse. Por eso debemos atender sus dudas, pero también recordarles que todo lo que podamos hacer puede resultar de gran ayuda, pues el costo de la inacción se medirá en vidas humanas.”

El cambio climático está sucediendo. El planeta está cambiando mientras nos entretenemos en cambiar el mundo y puede ocurrirnos que (reinventando el famoso microrrelato de Monterroso) cuando nos despertemos el cambio climático todavía siga allí.

Los que queráis consultar el artículo de Alperovitz lo encontraréis aquí.

ACERCA DEL AUTOR

José Luis Gallego
Divulgador ambiental, naturalista y escritor. Colaborador habitual de TVE, TV3, La Vanguardia y Onda Cero. http://www.ecogallego.com/

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