El jabalí, un mamífero de gran olfato

El jabalí es un mamífero que se caracteriza por tener un hocico largo y recto, además de una cabeza y tronco grandes en comparación con sus patas cortas y delgadas. Esta especie de cerdo salvaje frecuenta las zonas periurbanas, aunque prefiere los encinares y las zonas forestales con vegetación en las que poder camuflarse.

Conocido científicamente como Sus scrofa, el jabalí es un mamífero artiodáctilo de la familia de los suidos. En concreto, se trata de una especie de cerdo salvaje conocido también como jabalí europeo o euroasiático, que se caracteriza por poseer una cabeza y tronco grandes en comparación con sus patas cortas y delgadas.

Su hocico largo y recto es uno de sus rasgos más característicos del jabalí. Este le dota de un olfato extraordinariamente agudo llegando a utilizar su hocico como una excavadora cuando busca alimento. Por otra parte, el color varía según la especie pero suelen ser de tonalidades marrones y negras. Nos encontramos ante un animal tan ungulado como la vaca o el gamo, pero su comportamiento biológico es más propio de un ratón que de un animal grande. De hecho, como “ratón grande” lo define el experto en ungulados Fernández Llario, porque la media, en el jabalí puro, es de 3,5 rayones por camada.

Dónde vive y cuál es el hábitat del jabalí

El jabalí europeo es un animal nocturno y durante el día se esconde en su madriguera donde puede dormir hasta 12 horas. Frecuenta ya las zonas periurbanas, lo que significa que se le están quedando pequeños los montes y los días.

Las principales áreas por las que se distribuye el jabalí son Asia, Europa y el norte de África, aunque sobresale su adaptabilidad al entorno siempre que disponga del alimento suficiente. Conviene señalar que nos encontramos ante una especie introducida en multitud de países como Argentina, Uruguay o Perú.

Sí prefiere el jabalí europeo aquellos lugares en los que poder camuflarse entre la vegetación y donde prime la existencia de agua, ya sea para beber o revolcarse en el barro. Todas estas características hacen de las zonas forestales y los encinares dos de sus hábitats predilectos.

¿De qué se alimenta y cómo se reproduce?

El estudio del jabalí como especie resulta interesante por su gran crecimiento poblacional gracias a su adaptabilidad a los nuevos territorios, tanto es así, que se llegó a considerar como plaga en algunas regiones, al igual que los ratones. Otra de las causas de este incremento demográfico se atribuye a los cambios socio-económicos que han supuesto el progresivo despoblamiento rural y el incremento de las zonas de bosque y matorral.

Hozando la tierra, busca lombrices, y a oscuras, carroña. Se llega a decir que si el buitre es el carroñero del día, el jabalí lo es de la noche. El jabalí europeo es una especie omnívora, predominando en su alimentación los vegetales y los animales (invertebrados, anfibios y micromamíferos). Por otra parte, cabe destacar que su principal depredador es el lobo.

Respecto al ciclo reproductivo del jabalí, este mamífero tiene la época de celo en otoño y los partos se dan durante el primer trimestre del año. La gestación de este animal sedentario, salvo por las noches cuando recorre distancias considerables, se prolonga durante cuatro meses.

La rápida expansión del jabalí

En los últimos años, el jabalí ha supuesto un grave problema por su rápida expansión. La desaparición de sus predadores, el suave clima y el cambio en los usos del suelo ha dado vía libre a que este mamífero continúe colonizando nuevos territorios. Cada vez, sorprende menos la noticia de que los jabalíes alcanzan las zonas urbanas de las ciudades campando a sus anchas por su calles.

Actualmente, se calcula que en España existan más de un millón de ejemplares de jabalíes con un crecimiento anual entre un 5% y un 15%, Este rápido incremento del número de ejemplares cada año lo convierte en un problema para la salud y la seguridad alimentaria. La triquinosis, la hepatitis E o la fiebre hemorrágica Crimea-Congo son algunas de las infecciones que este mamífero comparte con el ser humano y su proliferación podría agravar la transmisión zoonótica entre ambos.