El ciprés, un longevo árbol ideal para reforestación

Su forma y su longevidad son las principales características del ciprés. Un árbol característico del Mediterráneo que puede alcanzar los 20 metros de altura y vivir hasta 300 años. Desde Fundación Aquae nos acercamos a esta especie, muy presente en las reforestaciones que realizamos con Sembrando Oxígeno.

Su nombre científico es Cupressus y pertenece a la familia de los Cupressaceae, que recoge cerca de una veintena de especies. Esta denominación técnica hace referencia a la isla de Chipre donde tiene su origen.

Sin embargo, los cipreses se han extendido por diferentes lugares desde Asia hasta África, e incluso suelen cultivarse en Nueva Zelanda. Y es que el ciprés es una especie de árbol que suele adaptarse a todo tipo de terrenos y clima.  En la Península Ibérica, el ciprés suele encontrarse en zonas de clima cálido y templado, principalmente, en la costa mediterránea.

Como la gran mayoría de especies coníferas, el ciprés es un árbol de hoja perenne, que puede llegar a alcanzar los 20 metros de altura. Esta especie posee una copa con una peculiar forma cilíndrica y su tronco nace erguido hacia el cielo desde donde nacen unas cortas ramas. Sus hojas son pequeñas, pero abundantes y que tiñen de color verde los lugares en los que está presente.

Su madera es otra de las características de este árbol. Cuenta con un color en tonos pardos y amarillos. Además, la textura es fina y poco resinosa. Es muy popular utilizar la madera del ciprés para la fabricación de muebles o piezas de artesanía, al igual que el pino.

Su rápido crecimiento y que no requiere de excesivos cuidados lo convierten en un árbol ideal para reforestaciones. Por esta razón, el ciprés forma parte de algunas de las actuaciones que desde Fundación Aquae realizamos con nuestro proyecto Sembrando Oxígeno. Una iniciativa que surgió en Pego, como respuesta al terrible incendio que calcinó más de 1.700 hectáreas de monte y que, junto con Hidraqua, actuamos para recuperar parte del terreno. Allí plantamos 5.000 especies de árboles entre las que se encuentra el ciprés que está volviendo a teñir de verde la montaña alicantina.

El fruto del ciprés y sus usos

El ciprés es un árbol que se suele sembrar en otoño y suele florecer a finales del inverno. A diferencia de otros árboles como la encina, durante los primeros años, el ciprés no necesita poda.

Aunque puede plantarse de forma aislada, lo habitual es formar con ellos una hilera hasta conformar un conjunto de setos. Suelen plantarse con una separación mínima de 20 centímetros para que atrapen la humedad en sus raíces y asegurar así, su crecimiento. En muchas ocasiones, el ciprés se planta al borde de terrenos donde pueden vivir durante décadas e incluso sirven como cortavientos para cultivos y viviendas.

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Cuando florece da lugar a una especie de piñas que crecen de sus cortas ramas. Estos frutos tienen el tamaño de una nuez y están compuestos de 8 a 14 escamas, provistas de un pequeño aguijón. Cuando nacen, tienen un color verdoso y durante su maduración pasan progresivamente a tener un color marrón rojizo.

Aunque suelen pasar desapercibidos, los frutos del ciprés cuentan con multitud de propiedades beneficiosas para la salud. Son antivíricos y suelen utilizarse en modo de infusión o para tratamientos en la piel. Además, contribuye a mejorar la circulación sanguínea.

Curiosidades del ciprés

Tradicionalmente, los cipreses se han vinculado a la muerte y a los espacios funerarios. En el Antiguo Egipto, utilizaban la madera del ciprés para construir sarcófagos que luego lo revestían con láminas de oro.

Como comentábamos, el ciprés es un árbol que suele encontrarse en los cementerios por su vinculación con la muerte. Cuenta la mitología griega que Cipariso mató por error a un ciervo y fue tal su pena, que pidió a Apolo que le permitiera llorarlo eternamente. Apolo lo convirtió en un ciprés y, por esta razón, esta especie ha pasado a ser un símbolo de duelo hacia los seres queridos.

Por su parte, los romanos utilizaban el ciprés como símbolo de hospitalidad. Se decía que quien plantaba esta especie en la entrada de su casa, era una forma de dar la bienvenida a los viajeros que llegaban. Por esta razón, otro de la simbología que se le da al ciprés es la del descanso eterno.

No solo el ciprés es popular en leyendas, el mundo del arte también se ha servido de la belleza de la especie. El pintor neerlandés Vincent Van Gogh lo utilizó a lo largo de su obra artística. Y es que la alargada forma de este árbol le sirvió para ilustrar grandes clásicos como “La noche estrellada” o “Camino con ciprés y estrella”.