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La «encíclica verde»

7 de Julio de 2015
Es uno de los líderes más influyentes del mundo. Más de 1.2 mil millones siguen la religión que representa y su poder de convocatoria, allí donde va y también en las redes sociales, es tan inmenso que es realmente esperanzador que el Papa Francisco haya dedicado su encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común a la necesidad de preservar el medio ambiente y a luchar contra el cambio climático. 

Es uno de los líderes más influyentes del mundo. Más de 1.2 mil millones siguen la religión que representa y su poder de convocatoria, allí donde va y también en las redes sociales, es tan inmenso que es realmente esperanzador que el Papa Francisco haya dedicado su encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común a la necesidad de preservar el medio ambiente y a luchar contra el cambio climático. 

Sinceramente, jamás me hubiera imaginado leyendo una encíclica papal de cabo a rabo, pero la verdad es que maneja ideas muy interesantes y bien expresadas que, básicamente, piden una revolución ética y económica que detenga la degradación del planeta y la desigualdad entre los seres humanos. Es la primera vez en la historia de la iglesia que un papa dedica toda una encíclica a cuestiones ambientales y la verdad es que lo hace muy bien: sabe de lo que habla.

Es contundente («explosiva», según The Guardian) porque deja claro que la relación del hombre con la naturaleza es tiránica, como lo es la de los ricos sobre los más pobres, pero no es excluyente: habla para todos los hombres y mujeres, creyentes y no creyentes. Afirma que está consensuado que las causas del cambio climático están generadas por las actividades humanas y plantea los efectos ecológicos que estamos causando en los ecosistemas y, en especial, en los territorios donde se erigen las naciones menos desarrolladas: contaminación, escasez de agua, desastres naturales, pérdida de biodiversidad, destrucción de hábitats, explotación de los océanos… Por supuesto, el Papa denuncia una y otra vez el malvivir de una gran parte de una sociedad humana que, sometida a la pobreza y a las guerras, es víctima de lo que él llama la inequidad planetaria. 

Desde su peculiar modernidad, tiende puentes entre religión y ciencia y alerta de un exceso de tecnocracia, aboga por el uso de las energías renovables y por el fin del consumo de combustibles fósiles. Incluso se posiciona a favor de un cierto decrecimiento: «Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles, y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano.» Por supuesto, los neocon, como el candidato republicano Jeb de la saga Bush, están tan furibundos que incluso lo han tildado de revolucionario y marxista, lo que para ellos, por si alguien lo duda, es un insulto descomunal. 

Pero no olvidemos que la mayoría de seguidores del Papa no son esa ínfima porción de humanos económicamente sobrados, si no los millones y millones que residen en los países en vías de desarrollo que, seguramente, lo escucharán con más atención. «La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro», dice el Papa de un tirón. 

En fin, acabé de quedarme traspuesta cuando supe que Francisco, nacido Jorge Mario Bergoglio, había reclutado a Naomi Klein para participar en un seminario e intervenir en la conferencia de prensa sobre la encíclica que tuvo lugar hace unos días en Roma. Klein confiesa que también se quedó pasmada cuando fue requerida por el Papa. La activista canadiense y autora de libros como No Logo, La doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre o Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, aceptó sorprendida. Y encantada, dijo. Porque opina que la encíclica presenta los problemas ecológicos con un maravilloso lenguaje de sentido común y que está dirigido a todas las personas del planeta. «Puedo decir, como feminista judía no practicante, que también ha hablado para mí». Klein, que anima a todos los políticos a leerla antes de la próxima cumbre del clima que se celebrará en París en noviembre, no ha perdido el tiempo y ha aprovechado la ocasión para sugerir al Vaticano que no invierta en negocios relacionados con los combustibles fósiles, cuestión que «quizá considerarán», según un portavoz. 

«La realidad es superior a la idea», repite el Papa varias veces, refiriéndose a que la gravedad de la crisis ecológica exigirá sí o sí un replanteamiento de nuestra relación con el planeta y con nuestros congéneres. Vamos a ver qué sale de todo esto. Por el momento otros líderes religiosos, como el Dalai Lama, han apoyado la «encíclica verde». No perdamos la esperanza y estemos ojo avizor: a veces, los caminos del progreso de la ética también son inescrutables.

ACERCA DEL AUTOR

Eva van den Berg
Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.
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