GEO-7: la ONU revisa el estado del medio ambiente en 2025

Cerca de 300 expertos de 82 países han participado en “la evaluación científica más exhaustiva realizada hasta la fecha sobre el medio ambiente global”, afirma la ONU. 

Se trata de la séptima edición del informe Global Environment Outlook (GEO-7), coordinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y que se elabora cada cinco años.

El primero de estos estudios se publicó en 1995. La entrega de 2025 es un documento de más de 1.100 páginas que analiza el estado del aire, la tierra, los océanos y el agua dulce

Tras realizar el diagnóstico sobre la situación de estos cuatro sistemas vitales, el informe destaca cuatro retos y emergencias que los afectan: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación y desertificación del suelo, y la contaminación asociada a los residuos. Son cuatro grandes crisis interconectadas que están deteriorando los sistemas naturales de los que depende la prosperidad humana. 

Ninguno de estos desafíos actúa de forma aislada: juntos conforman un riesgo para los ecosistemas, la salud y la estabilidad socioeconómica. 

Además, como señala el informe en el amplio capítulo dedicado al ODS 6 y los recursos hídricos, el agua es un vector implicado y afectado por todas esas crisis. Una mejor gestión del agua contribuirá a mejorar la situación del planeta, explica la ONU. 

El mensaje es claro:  el deterioro ambiental es medible, tiene costes crecientes y compromete el bienestar, pero hay márgenes de actuación para reducir daños y mejorar la situación. La evolución dependerá de las decisiones que se tomen. Estos son los principales frentes que abordamos.

1. Cambio climático

El cambio climático sigue intensificándose por el aumento sostenido de las emisiones de gases de efecto invernadero, afirma el Global Environment Outlook 2025. 

Esto ya se traduce en impactos visibles: olas de calor más frecuentes, sequías prolongadas, lluvias extremas y fenómenos meteorológicos cada vez más intensos.

Además de las pérdidas materiales, el cambio climático afecta de forma directa a la salud humana, a la disponibilidad de agua y alimentos, y a la estabilidad de los ecosistemas.

Si las tendencias actuales continúan, la temperatura media global podría superar 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales a comienzos de la década de 2030, muy por encima de la meta pactada en la COP 25 de París. Se estima que supere 2°C en la década de 2040, incrementando exponencialmente los riesgos ambientales, económicos y sociales a lo largo del siglo.

2. Pérdida de biodiversidad

La biodiversidad del planeta se está reduciendo a un ritmo sin precedentes, asegura el informe del PNUMA para 2025. 

Se estima que cerca de un millón de especies, de un total aproximado de ocho millones, se encuentran amenazadas de extinción. La transformación de hábitats, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y el cambio climático actúan de forma conjunta, debilitando los ecosistemas terrestres y acuáticos.

Esta pérdida compromete funciones esenciales de los sistemas naturales como la polinización, la regulación del clima, la regeneración de los suelos, la calidad del agua o la seguridad alimentaria.  

El informe subraya que la biodiversidad es la base funcional de los sistemas naturales que sostienen la vida y la economía global y que se deben multiplicar esfuerzos para conservarla.

3. Degradación y desertificación del suelo

Entre el 20% y el 40 % de la superficie terrestre mundial presenta ya algún grado de degradación. Esto afecta directamente a más de 3.000 millones de personas, especialmente en regiones áridas, semiáridas y zonas agrícolas intensivas.

La degradación del suelo reduce la productividad agrícola, incrementa la erosión, disminuye la capacidad de retención de agua y favorece la desertificación. A ello se suman los efectos del cambio climático, que agravan la escasez hídrica y aumentan la frecuencia de sequías.

El Global Environment Outlook 2025 advierte que, de mantenerse las tendencias actuales, el mundo podría perder cada año superficies de tierra fértil equivalentes al tamaño de países como Colombia o Etiopía.

4. Contaminación y residuos

La contaminación provoca impactos en la salud humana y en los ecosistemas y la situación es compleja, ya que hay muchos tipos de polución causadas por sustancias diversas y que afectan a los suelos, al aire y al agua. 

Por ejemplo, afirma el Global Environment Outlook de 2025, el coste económico de los daños sanitarios derivados sólo de la contaminación del aire se estima en 8,1 billones de dólares anuales, una cifra equivalente a más del 6% del PIB mundial. 

A esto se suma la acumulación masiva de residuos de todo género. En ese sentido, un tipo que preocupa en los últimos tiempos son los plásticos.

Más de 8.000 millones de toneladas de residuos plásticos contaminan ya el planeta, liberando sustancias químicas tóxicas que afectan a los ecosistemas y a la salud humana.  

Situación de los recursos hídricos

El Global Environment Outlook de 2025 dedica un amplio capítulo a analizar la situación de los recursos hídricos, indicando que es un eje transversal que conecta y amplifica los grandes retos relacionados con el cambio climático, la biodiversidad, el suelo y la polución

En ese sentido, recalca que garantizar sistemas de agua dulce saludables es indispensable para la resiliencia ambiental, la salud humana y el bienestar a largo plazo. Y añade que, por desgracia, el acceso futuro al agua dulce está “comprometido por diversas presiones evitables”. 

Hay causas múltiples y acumulativas: consumo y extracción de recursos; intensificación agrícola y contaminación difusa; nuevas causas de polución química; falta de tratamiento de aguas residuales urbanas y debilidades de cooperación local e internacional..

El principal motor de presión es el consumo, donde la agricultura de regadío supera al resto de demandas. En 2020, el regadío representó el 67% de las extracciones globales de agua dulce, seguido por la industria (14%), el uso urbano (12%) y la producción de energía (7%). 

Respecto al regadío, la ONU señala varias cuestiones. En primer lugar, más de la mitad de las tierras regadas en el mundo utilizan técnicas y prácticas insostenibles e ineficientes, que elevan el gasto de agua y la pérdida de recursos valiosos.  

Además, el terreno destinado al regadío ha aumentado en el mundo, y esa expansión ha ido acompañada de un mayor uso de fertilizantes y pesticidas que intensifican la contaminación difusa de las aguas dulces. 

Además, debido a la conexión entre aguas superficiales y subterráneas, esa contaminación se propaga entre ríos, lagos y acuíferos.

Respecto a la polución, hay que añadir que se han ido sumando nuevas sustancias o contaminantes emergentes. Entre ellos se incluyen micro y nano plásticos, productos farmacéuticos, disruptores hormonales y compuestos orgánicos persistentes o COPs.

El informe también se centra en la gestión de las aguas urbanas, señalando que, a escala global, alrededor del 42% de las aguas residuales municipales se vierten todavía al medio ambiente sin tratamiento, empeorando la calidad de los ecosistemas y afectando a la salud humana.

Y a todo ello hay que sumar la falta de cooperación internacional. Como ejemplo, las aguas transfronterizas representan alrededor del 60% de los flujos mundiales de agua dulce e incluyen 313 ríos y lagos y 468 acuíferos compartidos por dos o más países. 

Pese a esta interdependencia, sólo 43 de los 153 países que comparten recursos hídricos cuentan actualmente con acuerdos de cooperación operativos.

Innovación y soluciones para el agua

 

El informe destaca el papel creciente de nuevas herramientas analíticas, como la teledetección, la inteligencia artificial y la modelización avanzada, para mejorar la monitorización del consumo de agua, la detección de contaminantes y el análisis de cambios en los sistemas hídricos.

No obstante, las desigualdades en el acceso a tecnología y financiación limitan su aplicación generalizada.