El ciprés del desierto, el árbol más amenazado del mundo

En el corazón del Sáhara argelino crecen los ancianos y escasos ejemplares de una especie única, superviviente de épocas pasadas en las que el desierto recibía más lluvias. Es el ciprés del desierto o 'Cupressus dupreziana'

En las inhóspitas mesetas rocosas de Tassili n’Ajjer, en el sureste de Argelia, sobrevive una de las especies arbóreas más extraordinarias y raras del planeta: el ciprés del desierto (Cupressus dupreziana), considerado actualmente uno de los árboles más amenazados del mundo.

Aunque antaño este ciprés estuvo más ampliamente distribuido, hoy su población es muy reducida y fragmentada. Se estima que solo existen unos pocos cientos de árboles dispersos en un área limitada de Tassili n’Ajjer, lo que ha provocado que la especie sea considerada en riesgo crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). 

Cupressus dupreziana FOTO bernabé & José Moya

Un gran ejemplar de ciprés del desierto, identificado con el nombre de Tim Belelene, retratado durante la inspección llevada a cabo por los botánicos del Proyecto Tarout. | FOTO: Bernabé & José Moya

Cupressus dupreziana, conocido localmente como la tarout, palabra con género femenino, es un auténtico superviviente de épocas pasadas y un gigante arbóreo. Algunos de los últimos ejemplares vivos tienen hasta 2.400 años de edad, alcanzan alturas de 22 metros y perímetros de tronco de hasta cuatro metros de diámetro.  

Son árboles monumentales que sobreviven en un paisaje desolado de roca y arena en el corazón de una de las regiones más áridas del planeta.

Estos árboles majestuosos y longevos cuentan una historia evolutiva y biogeográfica de gran interés. Su presencia testifica tiempos en que estas zonas del Sahara no estaban dominadas por un clima tan extremo como el actual, sino que recibían lluvias más frecuentes que permitían el crecimiento de sabanas y pastos …. Y también de árboles. 

Conoce al ciprés del desierto

Un artículo científico publicado en la revista Cuadernos de biodiversidad y dirigido por el investigador español Bernabé Moya junto a Gianni Della Rocca, Fatiha Abdoun y José Moya, tras una serie de exploraciones llevadas a cabo en el corazón del desierto, ayuda a entender la relevancia evolutiva de esta especie y su situación actual. 

Aunque era conocidoa desde antiguo por las poblaciones tuareg, la especie no fue descrita científicamente hasta 1926, tras haber sido confundida inicialmente con otros tipos de cipreses. Los estudios posteriores han demostrado que la tarout tiene una diferenciación genética clara respecto a Cupressus sempervirens y Cupressus atlantica, dos especies de ciprés más abundantes que crecen en el norte de África y el Mediterráneo

La tarout o ciprés del desierto es, sin duda, una especie única y diferenciada de todos sus parientes cercanos. Y los pocos ejemplares que restan en el mundo persisten en condiciones extremadamente adversas, ocupando altiplanos hiperáridos modelados por antiguos uadis o cauces fluviales secos y gargantas que actúan como microrefugios, señalan los autores del artículo. 

Esta región argelina es en sí misma un tesoro biogeográfico. Conserva restos de una flora de un periodo más húmedo de hace miles de años, entre los que se incluyen el acebuche del desierto (Olea europaea subsp. laperrinei) y el mirto sahariano (Myrtus nivellei). 

Un anciano ejemplar de 'tarout' en la meseta argelina Tassili n’Ajjer. | FOTO: Issam Barhoumi/WikimediaCommons

Un anciano ejemplar de ‘tarout’ en la meseta argelina Tassili n’Ajjer. | FOTO: Issam Barhoumi/WikimediaCommons

Estudio y conservación

Además de ser escasos, los ejemplares vivos de ciprés del desierto son ancianos y apenas tienen renovación. Se estima que muchos individuos tienen edades comprendidas entre 600 y 2.400 años y apenas hay plantas jóvenes junto a ellos.

La regeneración natural es casi inexistente debido a la extrema aridez y a la muy baja viabilidad de las semillas. Las condiciones de sequedad del desierto, con precipitaciones menores a 30 mm al año, dificultan que nuevas plántulas se establezcan y prosperen.

Para proteger al ciprés del desierto se ha puesto en marcha el Proyecto Tarout, una iniciativa internacional que reúne a científicos de Italia, Argelia y España para estudiar la biología, genética y ecología de este ciprés único, con especial atención a su supervivencia bajo condiciones ambientales extremas.

Los investigadores están realizando análisis genéticos, estudios morfofisiológicos y evaluaciones del hábitat con el objetivo de comprender mejor su estado de conservación y diseñar estrategias que permitan su protección a largo plazo.

El inventario completo más reciente (1998–2001) registró 233 individuos vivos de Cupressus dupreziana, que constituyen una única población muy fragmentada, distribuida en aproximadamente 120 km². En los últimos años, los integrantes del proyecto Tarout han podido visitar 112 individuos y han encontrado 12 ejemplares muertos.

Ejemplar de 'Cupressus dupreziana o ciprés del desierto fotografiado en 2023. | FOTO: Issam Barhoumi / WikiCommons

Ejemplar de ‘Cupressus dupreziana o ciprés del desierto fotografiado en 2023. | FOTO: Issam Barhoumi / WikiCommons

Entre los principales factores responsables de este declive se encuentran las sequías prolongadas (2019–2023), la perturbación humana, el pastoreo de ganado, el estrés fisiológico, la actividad de patógenos y la inestabilidad biomecánica. Un factor extremadamente preocupante es el turismo, ya que los visitantes degradan el suelo con sus pisadas y suben a los ancianos árboles para hacerse fotos, lo cual genera daños graves a árboles ya debilitados.

Los trabajos actuales se centran en la reevaluación poblacional, el diagnóstico del estado sanitario, los análisis genéticos y fitopatológicos, la conservación de germoplasma y la implementación de medidas urgentes destinadas a la restauración tanto de los individuos como de sus hábitats.

Además, en el marco del proyecto Tarout, los investigadores han reproducido jóvenes plantas de tarout, que han sido entregadas al Real Jardín Botánico CSIC de Madrid y al Jardín Botánico de la Universidad de Valencia.

El ciprés del desierto  es un símbolo de la resiliencia de la vida frente a condiciones extremas y, al mismo tiempo, un recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas frente al cambio climático y la desertificación. Su conservación requiere esfuerzos científicos, sociales e institucionales coordinados para evitar que esta antigua especie desaparezca de forma irreversible.

pinturas rupestres en Tassili n’Ajjer FOTO Patrick Gruban Wikimedia Commons

Pinturas rupestres conservadas en Tassili n’Ajjer, Argelia. | FOTO: Patrick Gruban/ Wikimedia Commons

El Sáhara húmedo

El Sáhara no siempre fue el inmenso desierto que conocemos hoy. En los últimos miles de años ha experimentado transformaciones ambientales radicales. 

Hace entre 11.000 y 5.000 años, el norte de África vivió un periodo conocido como el Periodo Húmedo Africano, provocado según el consenso científico por un motivo astronómico cíclico, como es la inclinación de la Tierra respecto al Sol.  

Esto provocó que, en esos milenios, el Sáhara fuera un territorio mucho más húmedo, capaz de albergar sabanas, pastizales y matorrales y, también, una próspera población humana. 

En las montañas de Tassili n’Ajjer, las mismas donde crecen precisamente los últimos ejemplares de ciprés del desierto, se conservan pinturas rupestres con escenas de hipopótamos, jirafas o ganado, que son testigos directos de un paisaje muy diferente al actual habitado por el ser humano.

Desde hace unos 6.000–5.000 años, el Sáhara cambió. El monzón se debilitó y las lluvias retrocedieron hacia el sur, y poco a poco la región se convirtió en el desierto que conocemos hoy en día.

Actualizado: 19/02/2026