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Un Mediterráneo cambiante

07/06/2019 - Blog - Manu San Félix
Manu San Félix es explorador de National Geographic, biólogo marino y reconocido reportero gráfico que ha dedicado su vida a la investigación y al cuidado del mundo natural, en particular al entorno submarino. Y de esa experiencia dedicación surge este texto en el Día Mundial de los Océanos.
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Recuerdo perfectamente mi primera inmersión en la Isla de Formentera en Sa Punta Pedrera en octubre de 1992. Salté al agua y me encontré con una enorme y maravillosa pradera de posidonia. Rebosaba salud en cada planta, cómo cuando uno visita un jardín botánico y todas las plantas

Ese momento descubrí un paisaje, un ecosistema que me fascinó y adquirí voluntariamente el compromiso de divulgarlo, estudiarlo y conservarlo. Desde entonces resido en la isla de Formentera donde cada año realizó entre 200 y 300 inmersiones. Recorro los mismos lugares una y otra vez: Punta Gavina, Punta Pedrera, El Arco, Castaví… Desde la superficie hasta 40-50 metros según el lugar. Ahora miro hacia atrás con la perspectiva del tiempo y puedo apreciar por mí mismo cómo han cambiado estos sitios en casi 30 años. Un espacio de tiempo insignificante para la naturaleza pero que para mí es casi media vida.

Fox on Box

La lista de cambios a peor es larga, muy larga. En esos primeros años que pasaba literalmente el día en el agua ejerciendo como instructor de buceo veía a menos de 5 metros de profundidad numerosos alevines de langosta de 5-6 centímetros de longitud. Ahora hace años que no veo ninguna pequeña langosta. Por entonces a menudo me gustaba durante las inmersiones entrar en las extensas superficies de arena que rodean la isla de Formentera. Era muy entretenido observar miles de raós. Un pequeño y precioso pez también llamados loritos por el colorido rojo, rosado y escarlata. Estos peces territoriales cubrían el fondo respetando distancias de 4-5 metros entre cada uno de ellos. Hoy día bajo a esos fondos de arena y son un desierto. La población de loritos que parecía infinita ha desaparecido.

En los meses de primavera e inicios de verano encontraba en todas las inmersiones numerosas cigarras de mar, así se llama a un crustáceo similar a las langostas pero que no tiene antenas. A veces había grupos de 5 a 6 agregados en las pequeñas cuevas. Y recuerdo cómo los viejos pescadores entonces me contaban que las capturaban en la misma orilla sin mojarse los pies. Ahora las cigarras están en el listado de invertebrados amenazados en peligro y rara vez puedo ver una en las inmersiones.

Fox on Box

En esos primeros años en Formentera mi sitio favorito de buceo es la Isla de Espardell. Me gustaba descender a una gran roca que había a 32 metros que hacía como una medio cueva. Me encantaba asomarme y mirar el techo porque, cada pocos centímetros, había una langosta y llegaba a contar 40 langostas juntas. Ahora Espardell es Reserva Integral, eso significa que ni se puede pescar ni se puede siquiera bucear. De cuando en cuando tengo ocasión de visitar este lugar y vuelvo con excitación a “mi cueva de las langostas” pero ya llevo años que cuando me asomo me llevo una enorme decepción y me invade la tristeza mientras me veo ahí abajo contemplando un techo que ya no está adornado por las antenas. Donde ya no vive ni una sola langosta.

Y me pongo más triste aun cuando me acuerdo de cómo era el Mediterráneo antes de llegar yo. Ese Mediterráneo que no he podido conocer pero que he sabido de él través de los viajes pescadores. Que en esos lejanos años noventa visitaba yo en sus casas para charlar con ellos y me transportasen en el tiempo y así poder conocer cómo eran Ibiza y Formentera en los años 50. Me contaban cómo sacaban las redes cargadas de centollos y ellos los mazaban porque les rompía las redes y nadie los quería comer. En 30 años y miles y miles de inmersiones sólo he visto uno, se les considera extinguidos en Baleares. Como coincidían en el mar con las focas monje también extinguidas. Como pescaban tiburones, hasta 500 en una sola tarde. Ahora ese pequeño tiburón que pescaban, Squallus acanthias, está en peligro de extinción.

Fox on Box

Desgraciadamente podría seguir así durante largo rato porque la lista de lo que hemos perdido es larga.

Pero aún estamos a tiempo de recuperar la riqueza perdida creando más y verdaderas reservas marinas don una estricta protección de las especies marinas. Tenemos innumerables ejemplos en el mundo su efecto positivo, de lo agradecido que es el mar cuando le protegemos.

 

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Sobre el autor

Es explorador de National Geographic, biólogo marino y reconocido reportero gráfico que ha dedicado su vida a la investigación y al cuidado del mundo natural, en particular al entorno submarino. A partir de la década de 1980, San Félix ha luchado por dar a conocer las praderas de “posidonia”, una planta que se encuentra en peligro de extinción y de cuya supervivencia depende el ecosistema marino del mar Mediterráneo. Pertenece desde hace más de diez años al equipo de “Pristine Seas”, un proyecto de National Geographic que se dedica a la investigación, difusión y concienciación para la conservación de nuestro planeta, a través de diversas expediciones que se intensificarán a partir de 2021. Desde lugares remotos, San Félix enviará tanto crónicas como imágenes para que los lectores puedan conocer lo que se oculta bajo el agua para, de esta manera, usar la información y el conocimiento para proteger los océanos.

 

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