Diez años después de la puesta en marcha de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el acceso al agua potable y al saneamiento ha mejorado para cientos de millones de personas. Sin embargo, el mundo todavía está lejos de cumplir el ODS 6 y garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.
Así lo señala el Informe de Síntesis sobre Agua y Saneamiento (SDG 6 Synthesis Report on Water and Sanitation 2026) publicado en julio de 2026 por ONU-Agua. El documento hace balance de una década de vigencia del ODS 6 y concluye que se están logrando resultados reales y que cada vez más países consiguen mejoras cuantificables. Pero también señala que los avances continúan siendo demasiado lentos y desiguales para alcanzar los objetivos previstos para 2030.
Entre los principales progresos de la última década destaca que más de 961 millones de personas han conseguido acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura, mientras que 141 millones de personas menos dependen directamente de fuentes de agua superficial sin tratar.
Los avances en saneamiento también son importantes. 1.200 millones de personas han accedido a servicios gestionados de forma segura y otros 1.600 millones a servicios básicos de higiene. Además, el número de personas que practican la defecación al aire libre se ha reducido en 429 millones.
También se han producido mejoras en la gestión de los recursos hídricos. La eficiencia en el uso del agua aumentó un 19,5% entre 2015 y 2022 a nivel mundial, mientras que cerca del 60% de los países alcanzaron en 2023 al menos un nivel «medio-alto» de implementación de la gestión integrada de los recursos hídricos, frente al 40% registrado en 2017.
Sin embargo, otros indicadores muestran la magnitud del desafío. En 2024, únicamente el 56% de las aguas residuales domésticas se trataron de forma segura.
El informe de ONU-Agua señala una paradoja: el progreso hacia el ODS 6 está acelerándose en diferentes ámbitos, pero esa aceleración sigue siendo insuficiente para cumplir los objetivos marcados en la Agenda 2030..
Para conseguir la cobertura universal en 2030 será necesario multiplicar por ocho el ritmo actual de avance en agua potable gestionada de forma segura, por seis en saneamiento seguro y por dos en servicios básicos de higiene.
La presión sobre los recursos hídricos constituye otra de las principales preocupaciones. A escala global, el estrés hídrico se mantiene prácticamente sin cambios, alrededor del 18%, pero alcanza niveles críticos y presenta tendencias negativas en regiones como el norte de África y Asia occidental, además de otros puntos especialmente afectados de Asia central y meridional.
También avanza lentamente la cooperación internacional sobre los recursos compartidos. Solo el 59% de las superficies de las cuencas transfronterizas del mundo dispone actualmente de acuerdos operativos de cooperación sobre el agua.
Crece la información sobre el agua
Según señala la ONU, uno de los logros de esta década ha sido la mejora de la información disponible para conocer el estado de los recursos hídricos y evaluar las políticas públicas.
El número medio de países que aportan datos sobre el ODS 6 aumentó aproximadamente un 60% en 2023-2024 respecto al periodo 2015-2019. También ha aumentado el número de indicadores sobre los que informa cada país.
Naciones Unidas considera que la existencia de un objetivo específicamente dedicado al agua y al saneamiento ha tenido efectos relevantes sobre las políticas públicas durante la última década.
En opinión de los autores del Informe de Síntesis sobre Agua y Saneamiento, desde su aprobación en 2015, el ODS 6 ha permitido establecer objetivos comunes, mejorar la coordinación entre sectores, armonizar indicadores y estándares técnicos y reforzar la cooperación internacional. También ha contribuido a convertir el agua y el saneamiento en una prioridad política y a mejorar la coordinación de las diferentes agencias de Naciones Unidas.
El informe advierte, sin embargo, de que la insuficiencia de recursos financieros, capacidades institucionales y mecanismos de gobernanza continúa limitando los avances. Superar un modelo basado en proyectos fragmentados y avanzar hacia sistemas sólidos y modelos de inversión sostenibles será una de las claves de los próximos años.
A falta de cuatro años para finalizar la Agenda 2030, el informe propone reforzar la financiación y las capacidades institucionales, mejorar la coordinación entre sectores, integrar el agua en las políticas nacionales de desarrollo y aumentar la participación de los diferentes actores en la toma de decisiones.
El documento también concede una importancia creciente al papel transversal del agua, que define como un «superconector» del desarrollo sostenible, por su relación con ámbitos como la salud, la alimentación, la energía, los ecosistemas, las ciudades y el desarrollo económico.
El informe de Naciones Unidas mira también más allá de la fecha marcada por los actuales Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La experiencia acumulada durante estos 10 años puede servir de base para definir los futuros objetivos internacionales relacionados con el agua. Entre las opciones planteadas se encuentran reforzar los mecanismos multilaterales, mejorar la conexión entre los grandes compromisos políticos y su aplicación práctica y consolidar indicadores y sistemas de información que permitan medir los avances.
El informe plantea asimismo mantener un proceso intergubernamental específico sobre el agua en Naciones Unidas después de 2030, además de reforzar la coordinación de ONU-Agua y la capacidad de las diferentes agencias para trasladar los compromisos globales a la acción sobre el terreno.