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¡Ya nos lo habían advertido!

Habían transcurrido menos de 10 años. No podía creer lo que estaba observando. Bajo una visibilidad muy reducida, un desierto carente de vida donde antes la explosión de colores y movimiento eran inimaginables. ¡Me asaltó el miedo! Emergí como pude a la superficie y me despojé del regulador ante el embate de las olas. ¡Ya nos lo habían advertido! ¡No hay vuelta atrás!

Mireya Arcos Pulido