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Algas como abanicos de muñeca

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El otoño ha llegado también al mar, porque el Sol manda de lejos en el agua. Y, ya arrancadas de la roca por el arado de las olas, ya dejadas caer por el propio ser como deja caer un cerezo bravo sus hojas, están llegando a las playas, desde el golfo de Vizcaya hasta Andalucía, unas algas rojas que parecen abanicos de muñeca con los bordes crispados, abiertos en lóbulos como las palas de un gamo.



Desde el monte Igueldo, en San Sebastián, el doctor Albisu confirmó la presencia de estas algas en la playa de Ondarreta, y en la playa de la Concha, donde los recolectores llenarán hoy camiones enteros con estas algas que son medicina y alimento para nosotros, comedores de algas sin saberlo. Dicen que estas algas del color del buen vino tinto, sumergidas en un cubo de agua dulce, hacen el agua oxigenada, y que después, con ese Sol que roba los colores de lejos, se vuelven de un gris desvaído, como una nube deshilachada en lluvia.

Mientras, adheridos a la roca, quedan unos discos diminutos de los que saldrán en primavera otros abanicos rojos, como salen del cerezo otras hojas. Reciben estas algas nombres vulgares: pata de gallina, musgo de Irlanda; es el otoño del mar, rojo en la arena.

Esta entrada pertenece al diccionario de la naturaleza de Mónica Aceytuno, patrocinado por Fundación Aquae. Si quieres participar, lee aquí cómo hacerlo. 

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