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Vida animal bajo el hielo de la Antártida

El proyecto Acceso Científico a los Lagos Subglaciares Antárticos, han encontrando vida animal en muestras de agua líquida en el Lago Mercer, mediante una perforación a más de un kilómetro bajo hielo. Un descubrimiento de gran importancia para conocer más sobre aquello que habita bajo el hielo de la Antártida.

En las últimas semanas las noticias sobre la Antártida no han sido muy buenas. En días anteriores hablamos de cómo su extensión de hielo marino ha experimentado varios días de mínimos históricos en enero después de un mes de diciembre con un rápido deshielo, lo cual anticipa un mínimo anual sin precedentes para el próximo mes de marzo. Por otro lado, un nuevo estudio ha revelado que, en conjunto, está perdiendo hielo con una rapidez seis veces mayor que en la década de los años ochenta.

Sin embargo, también hay buenas noticias al respecto, como la sucedida esta semana cuando un grupo de científicos e investigadores del proyecto Acceso Científico a los Lagos Subglaciares Antárticos (SALSA en sus siglas inglesas), han hallado vida en muestras de agua líquida obtenidas del Lago Mercer, mediante una perforación a más de un kilómetro bajo hielo. El lago situado en la Antártida se encuentra oculto por un glaciar que, a su vez, está rodeado por una zona considerada como uno de los entornos más extremos del planeta.

En la perforación, los investigadores obtuvieron agua en la que sobrevivieron, al menos, diez mil células bacterianas por mililitro. Un elevado número que representa una gran cantidad para las masas de agua que permanece cubiertas por el hielo a las que los rayos solares no tienen acceso, según ha declarado el líder de la expedición, el profesor John Priscu, profesor de ecología polar de la Universidad de Montana. Porque hay que tener en cuenta que se habla de células viviendo en un agua que está al punto de congelación.

David Harwood, investigador de la Universidad de Nebraska en Lincoln y miembro de la expedición SALSA ha declarado en Nature.com del hallazgo de las carcasas de pequeños animales, cuya longitud va de los 0,1 a 1,5 milímetros, y que pertenecen a tardígrados (también conocidos como osos de agua) y crustáceos.

El descubrimiento tiene relevancia tanto para poder seguir explorando el resto de los lagos -hay alrededor de cuatrocientos- que se encuentran bajo el hielo de la Antártida. Pero también, debido a sus específicas condiciones, para poder saber si hay vida fuera de la Tierra, ya que en el Sistema Solar existen lunas heladas, por ejemplo, con unas características cercanas a las que existen bajo el hielo de la Antártida.

Un ‘pequeño’ descubrimiento que, a la larga, puede tener grandes consecuencias.