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Ignác Semmelweis: el pionero del lavado de manos

El 15 de octubre se celebra el Día Mundial del Lavado de Manos, con el objetivo de concienciar de la necesidad de lavarse las manos con jabón para una perfecta higiene. ¿Sabes desde cuándo se habla de la importancia de esta práctica? ¿Y quién fue la primera persona que señaló que un buen lavado de manos evita la propagación de enfermedades?

Lavarse las manos con agua y jabón es un gesto muy simple. Y, sin embargo, puede ser clave para la supervivencia de millones de personas, ante todo para los niños. Porque ellos son más vulnerables a los efectos, por ejemplo, de la diarrea y de las infecciones respiratorias, que pueden surgir sin una higiene adecuada. De ahí la necesidad de recordar, en el Día Mundial del Lavado de Manos, la importancia de esta práctica.

Therese Dooley, del Programa sobre Saneamiento e Higiene de UNICEF, lo explica: "El principal mensaje que queremos hacer llegar es la importancia del lavado de manos, pero no cualquier enjuague rápido: es importante lavarse las manos correctamente con agua y jabón en momentos clave del día. Estos momentos clave son: antes de cocinar o preparar alimentos, antes de comer y después de ir al baño o de limpiar a un bebé”.

Esto se debe a que es una manera sencilla, efectiva y barata de prevenir unas enfermedades que causan la muerte de 3,5 millones de niños y niñas cada año y afectan a la salud de millones de personas.

Sin embargo, el lavado de manos es una práctica cuya reivindicación es relativamente reciente, pues no fue hasta mediados del siglo XIX cuando un doctor se dio cuenta de su importancia para evitar contagios y la propagación de virus.

Fue el húngaro Ignác Fülöp Semmelweis (1818-1865, Budapest), quien ha trascendido como el padre del control de infecciones, a pesar de que tuvo que vivir con el rechazo de gran parte de la comunidad científica del momento.

En la década de 1840 trabajaba en el Hospicio General de Viena y descubrió que las mujeres ingresadas que daban a luz tenían muchas más fiebres puerperales -durante el postparto- que aquellas que lo hacían en sus casas. Semmelweis llevó a cabo una medición sobre esta cuestión en un momento en el que los médicos eran conscientes de la existencia de enfermedades contagiosas, si bien no encontraban una explicación.

Semmelweis llegó a la conclusión de que las mujeres que recibían más visitas de médicos y estudiantes -quienes acababan de salir de ver a otros pacientes o del quirófano- enfermaban y morían más. Por ello, pidió a sus compañeros que se lavasen las manos con agua y jabón al entrar a cada sala. Y el resultado fue inmediato: las infecciones en las mujeres ingresadas se redujeron en un 10%.

Sin embargo, y aunque demostró que así se reducían las enfermedades, fue despedido y sus técnicas fueron rechazadas. Su carrera profesional terminó así, ingresado finalmente en un psiquiátrico.

Ya en 1877, el británico Joseph Lister realizó la primera operación en condiciones antisépticas, una práctica que tuvo una repercusión mundial y que en España fue importada por  Salvador Cardenal en 1880.

Finalmente, esta práctica llegó desde las salas de operaciones hasta otros espacios, mostrando que este simple gesto contribuye a evitar enfermedades y salvar vidas. Aunque la práctica está extendida, todavía no ha llegado a todos los países; de ahí la importancia del Día Mundial del lavado de manos para que nadie se quede atrás.