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Historia y uso de la cantimplora

¿Quién no ha ido de excursión con una cantimplora? Por si alguno no ha tenido esa experiencia, una cantimplora es un recipiente para el agua, que llevas encima cuando sabes que vas a estar un largo tiempo sin poder encontrar una fuente de agua potable.

Aunque puedan parecer un invento reciente, los romanos ya usaban una especie de botijos de barro para llevar agua.

Además de las metálicas o de plástico que muchos hemos usados desde pequeños, otros recipientes muy conocidos son las llamadas calabazas de peregrino, que están hechas con una especie de calabaza que ha acompañado a los humanos en sus migraciones alrededor del planeta. Lagenaria siceraria es el nombre científico de esta calabaza, de forma característica, que ha sido encontrada en yacimientos arqueológicos en el continente americano de hace al menos 10.000 años. Es una planta trepadora de la familia de las cucurbitáceas, cuyo fruto una vez seco, puede ser usado como un práctico recipiente. Otro de sus usos fue el de flotador, adornando las caderas de los bañistas europeos de principios del siglo XX.

Otro material usado para el transporte de pequeñas cantidades de agua, eran las botas de cuero o las cantimploras de cristal, protegidas por cuerdas, esparto, cestos de mimbre, etc. por ser más frágiles.

Ver también:
Las primeras clepsidras, los relojes hidráulicos de la Antigüedad
La historia del té y el agua
¿Quién inventó la máquina de vapor?