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Un día perfecto

El mensaje, de tan solo tres palabras, había sido finalmente descifrado. Fueron años de trabajo liderado por científicos Escandinavos y boicoteado por las principales religiones remanentes. La transmisión, estaba pactado, sería global y simultánea. Torbjørn, sobre el estrado y frente a las cámaras, desplegó el pequeño pedazo de papel. La palidez natural de su cara ocultaba todo nerviosismo. Respiró despacio, bajó lo ojos y leyó: "Ya falta poco".  
Oliverio Rodriguez