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Sabia, savia.

La crisis económica sirvió de excusa perfecta para que los gobiernos retirasen los fondos públicos necesarios para seguir investigando. Muchos proyectos murieron entonces.

Los genios saben cómo hacer que llueva batido de vainilla, pero desconocen los mágicos mecanismos de la financiación.

Yo no me resigné y busqué en los insondables mares de la inversión privada, pero también naufragué. Nadie estaba interesado en conseguir un jarabe contra el desamor.

David Domínguez Parrilla