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El viejo y el mar

Ernest Hemingway recibió en 1953 el Premio Pulitzer por una fábula en la que la lucha es más importante que el éxito o el fracaso.

“Decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren… La mar es dulce y hermosa. Pero puede ser cruel, y se encoleriza súbitamente”

Quien habla es el narrador de El viejo y el mar, la fábula de Ernest Hemingway en la que conceptos como éxito y fracaso tendrán que agachar la cabeza ante la lucha y la dignidad de su protagonista, el pescador Santiago.

Aparecida en la revista Life, en 1953, esta novela corta fue la última gran obra de ficción del escritor.

El viejo y el mar es un ejemplo de cómo, a través de la acción de su personaje principal, se pueden lanzar diversas interpretaciones. Según la propia teoría del iceberg desarrollada por el autor estadounidense, un relato sólo muestra una mínima parte de la historia. El resto, permanece oculto. Se traza una épica que huye de artificios y barroquismos. El símbolo, la parábola, no necesita de referentes que el lector medio no entienda. Y de hecho, con esta novela, Hemingway consiguió su propósito. Cuando apareció en formato de libro, meses después de su publicación en la revista, estuvo veintiséis semanas en la lista de novelas más vendidas. Se trata de un doble código, atrayendo a un lector que se queda en la superficie y a otro que busca en su mensaje escondido.

Lee aquí el reportaje completo: El viejo y el mar

 

Sobre el autor

Albert Lladó (Barcelona, 1980) es editor de Revista de Letras y escribe en La Vanguardia. Licenciado en Filosofía, posgrado en Periodismo de Proximidad y máster en Estudios Comparados de Literatura, Arte y Pensamiento. Ha publicado en Granta, Revista Ñ, Benzina, Quimera, Qué Leer o El Ciervo. Es director académico de la Escuela de Periodismo Cultural y docente del posgrado internacional Escrituras, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. http://albertllado.com/periodismo/
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