Aquella mañana

José Luis

Aquella mañana, sobre mi mesa personal de laboratorio, estornudé, y el trípode que sostenía el matraz de erlenmeyer, mi trabajo, rodó, golpeó la probeta, que a su vez calló sobre el crisol de porcelana, haciéndolo añicos, donde un trozo atravesó un tubo de decantación, haciéndolo pendular, consiguiendo que golpeara la espátula, que voló hasta la balanza, que a su vez la escupió contra las probetas de la mesa de mi compañero, desparramando su contenido por el suelo. Destrocé el trabajo de ambos, pero como la ciencia es excéntrica, aquella mezcla de fluidos resulto ser, el futuro de la humanidad.

El Cloro siempre había sido

María del Mar

El Cloro siempre había sido un elemento bastante inofensivo. Vagaba por el mundo interaccionando con los demás de forma amable, pacífica. Hasta que conoció al Hidrógeno. Juntos se volvieron fuertes y el Cloro cambió. Eran poderosos, corrosivos, destruyendo todo aquello que encontraban a su paso.

Tuvo que intervenir el Hidróxido Sódico. Con habilidad, se introdujo entre la pareja y logró, mediante celos, separarlos. Los neutralizó. Pero lo que se había roto podía volver a unirse. Así que la mayoría de los elementos se aliaron y los enviaron a lugares opuestos de la tabla periódica, para que nunca más pudieran encontrarse.

Luz Desnuda

Rssi

Imagínate cuando pudimos completar la teleportación de miles de átomos, o supimos curar el cáncer, o controlar la fusión nuclear.

Todo eso surgió con la inquietud de querer entender mejor, y la herramienta más útil estaba frente a nuestras narices, la luz. Empezamos a quitarle libertades. Aunque creeme, decirle que no fluctúe, es como decirle a un cachorro que no muerda, y se puede extrapolar a la naturaleza. Te lo digo, basta con quitarle libertades para que se empiece a desnudar y nos muestre un rostro más accesible.

Así se abren nuevos y mejores caminos en la ciencia.

La manzana de Newton

Alejandro Peña Arroyave

Sólo en la alquimia ciencia y mística se reúnen. Cuando Sir Isaac Newton expuso su teoría de la caída de los cuerpos, fue tomado como el ilustre meridiano de la razón. Sin embargo, su lenguaje era una metáfora de la caída metafísica. El científico eminente había descubierto la gravedad tras muchas noches en vela frente  a su  secreto laboratorio alquímico. En la búsqueda del principio vital, tuvo que retroceder aterrado al reconocer  que era el pecado (también simbolizado por una manzana) lo que nos mantenía atados a la tierra, impidiéndonos ascender, livianos, hacia el cielo.

Según el cálculo de West

Cristina

“Según el cálculo de West, nacemos con un presupuesto cardíaco de mil millones de latidos”. Eso le contó Inga a Leopold acurrucada en su vientre. “Es cosa nuestra dosificarlos”. Se sentía interesante y especial. Él la quería y ella se lo tomó con calma. No sabía que pagaría cara la estupidez. Y la inconstancia. Hubo un tiempo, en los tranvías, en que a Leopold le latía el pulso atolondrado. Ahora su ausencia le sublevaba a ella el corazón… Él no pudo sufrir más y ya estaba en paz con West. Inga apuró en sus latidos cada sístole que Leopold malvendió.

Tecnología Ancestral

A. L. Crego

Tecnología Ancestral

 

Todavía tenía alguna máquina de las que se usaban antes para comprender a la gente, para meterse en la cabeza de las personas, para sentir cosas que los demás sienten. No necesita electricidad ni ningún tipo de conexión inalámbrica. El nieto pensó que debía de tratarse de algún tipo de magia antigua.

 

Guió al niño a lo largo de un pasillo que desembocaba en una habitación en la que sólo había cajones. Abrió uno de ellos, cogió algo del interior y se lo ofreció a su nieto, que preguntó extrañado: _¿qué es esto?._ El abuelo dijo: _Un libro._

CLONES

José Ignacio

Apareció, en medio del laboratorio, un enorme piano de cola. Otro error en el proceso de clonación. Y van tres. Antes había aparecido un señor que sólo hablaba mandinga y una libélula enorme, amenazadora pero espectacularmente bella. Mientras el hombre se defendía a duras penas de los ataques de la libélula, yo miraba atónito la escena intentando averiguar qué es lo que estaba yendo mal. Cerré los ojos y apreté otra vez el botón. Cuando abrí los ojos de nuevo, era yo quien salía del clonador, convertido en un monstruo sin miembros, condenado a permanecer así para siempre.

Allí, en las alturas

Pablob07

Allí, en las alturas, era imposible de encontrar. Oía el crepitar de las antorchas, el clamor de la muchedumbre enfurecida que pedía su cabeza sólo por pensar diferente. El doctor D. esperaría hasta que el hambre y la desesperación menguasen la determinación de la turba, y seguiría su viaje hasta el final del camino del conocimiento. Quién sabía las maravillas que aguardaban allí. Evitaría los peligros refugiándose en la naturaleza. Al fin y al cabo, el sí descendía de los simios, y podía trepar a los árboles.

Lo que era un inconveniente

Raúl

Lo que era un inconveniente para la mayoría de los elementos de la tabla periódica, para el Litio y la Plata era una oportunidad. Un nuevo orden universal modificaría aleatoriamente toda la disposición y podrían estar al fin juntos.

Debido a la gran distancia que les separaba, sus románticos mensajes eran interceptados por algunos metales, en especial por el indiscreto Cromo, que contaba todo a los gases, cotillas por naturaleza.

Un agujero negro finalmente succionó nuestro Universo conocido para crear otro nuevo. Ahora los dos están felizmente unidos en un rincón de la nueva tabla, lejos de los elementos indiscretos.

Máquinas

Álvaro Mauro

La mujer se sienta en el parque a las nueve en punto, como cada mañana. Un hombre la observa desde el otro lado cada mañana desde hace siete meses, los mismos que lleva jugándose una última oportunidad.

Apuesta y hace pausas para mirar por la ventana, piensa que la creación de un hombre no puede ganarle a un hombre.

Un día más, 8:45 de la mañana, la máquina se rinde y el hombre grita. Su vida está arreglada.

Se le ocurre salir al parque, necesita de alguien, la recuerda, la espera: a la mujer de las nueve de la mañana. Se sienta y respira. Bastó un pestañeo para que el aire se tornara oscuro, anochece.

Cuando el hombre reacciona recuerda la razón que lo mantuvo insistente con las apuestas durante tanto tiempo:

-Ingeniosa lata- y se carcajea.

Vicky

Olga Alicia Defferrari

La ciencia le diagnosticó parálisis cerebral tras la mala praxis y la infructuosa reanimación post anestésica. De acuerdo a los parámetros establecidos permanecería así hasta que Dios dijera basta.

El roce de las manos de su madre la hizo estremecer y parpadear.

El aliento de su padre hablándole al oído le provocó un rictus de sonrisa.

Los sonidos de la guitarra dilataron sus pupilas, aún ante la luz.

Las voces de las hermanas mayores la colmaron.

La ciencia le proveyó una silla para sostener su físico maltrecho.

Los afectos ganaron la batalla.

Casualmente se llama Victoria.

El ordenador

In honorem Monterrosso

Cuando se reinició, el humano todavía estaba allí.

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