TIEMPO

Ángel

De los nueve segundos que le quedaban de vida, gastó los tres primeros en comprender que el cable del ascensor se había partido. Del cuarto al séptimo buscó crear un movimiento autónomo dentro del propio al que lo sometía aquel descenso vertiginoso, consistente en una serie de pequeños saltitos que le evitaran estar en contacto con el suelo en el momento del impacto. A falta de dos segundos para éste, entendió que el impulso contrario le aplastaría igualmente contra el techo de la cabina. Buscando desesperadamente alternativas,  su cerebro le encontró una interesante tres segundos después.

La esperanza del futuro.

Ester

Debemos darnos prisa – dijo la extraña bacteria al incrédulo virus – dentro de poco vendrán y sabrán cómo destruirnos

¡Buen provecho con Surfactant!

Arthur

Eric se percató de algo que cambiaría el destino de su madre y el de muchas personas. Estaba restaurando un cartel de finales del XIX y de pronto, un lepisma regordete con sus antenas captadoras apareció. Éste se alimentaba de celulosa que después defecaba sin alterar. Entonces realizó un informe y una tesis, luego contactó con un ingeniero bioquímico y se pusieron en marcha en la elaboración de un surfactante  por extracción natural, capaz de saciar con la ingestión de una comida mínima, sin alterar nuestro organismo y así combatir desordenes alimenticios.

FRACTALIDAD

RENATO FRIJONES

El habitáculo era minúsculo, pero pude abrir la ventanita que daba al abismo. Al fondo, se divisaba, claramente, el agujero negro. Me acerqué, y, curiosamente, el horizonte no me perturbó. Arranqué un trozo del agujero y lo sostuve sobre mi diestra. Dentro de aquel trocito había algo curioso: ¡otro agujero negro idéntico! De éste, cogí otro pedazo, y la operación se repitió hasta el infinito. 

Tras el último infinito hallé un extraño centro difusamente deslocalizado. Tenía forma humana. En su diestra, otro agujero negro; en su siniestra, Ate, la diosa triste de la fatalidad: ese centro era yo. 

 

Qué es un laboratorio

Pablo

– ¿Qué es un laboratorio?

– Un laboratorio, hijo mío, es el lugar de trabajo de hombres y mujeres a los que se les llama científicos.

– y… ¿a qué se dedican?

– Su trabajo es investigar sobre alternativas que nos facilitan, o incluso, nos dan la vida.

 

Josué se quedó pensativo. Durante sus sueños, en aquella fría noche, su pequeña cabecita no dejó  de dar vueltas alrededor de esa idea. A la mañana siguiente,  por primera vez en su vida, estaba seguro de algo; quería ser científico. Deseaba cambiar el mundo y hacer de él un lugar mejor.

No paraba de pensar

Beatriz

No paraba de pensar. No dejaba de darle vueltas a la cabeza sobre lo que podría hacer para salvarla. Los médicos no sabían que le pasaba a Julia. Los síntomas eran muy parecidos al cáncer; pero lo que padecía, era mucho más agresivo.

Estoy aburrido de dar vueltas

Ronald

¡Estoy aburrido de dar vueltas alrededor tuyo!

dijo el electrón al protón en la vecindad del átomo.

¿Es que acaso no puedes pensar positivo?

contestó el protón.

 

La discusión terminó cuando llegó un fotón,

que de un golpe arrancó al electrón de su órbita.

 

Después de mucho vagar,

el electrón descubrió lo aburrido que estaba sin su antiguo amigo,

y decidió recombinarse con un átomo,

para reencontrarse con su protón.

Taorana, la joven inuit  de Groenlandia,

contemplaba fascinada el espectáculo de luces

que se desplegaban sobre el cielo,

sin sospechar jamás las pasiones ocultas que vibraban en la alturas.

Quiénes sois

El disfraz

¿Quiénes sois? Quitaos vuestras vestimentas y dejadme descubrir quiénes sois. Sois cobardía disfrazada de dolor, sois muerte y oscuridad, pero a la vez sois pura biología, sois el resultado de nuestras acciones en la vida, y de la evolución. O de la involución. Tomad morfina y callaos ya, volved a  vuestro sitio y permaneced en silencio. Yo también tengo disfraz, y esta batalla, la ganaré yo.

Eugenesia

Javier

Unos me llaman El Ingeniero. Otros, Destructor. Hace tiempo que borré de mi memoria otros nombres.

Mi única labor es transformar individuos: convertir coraza en corazón, pésimos augurios en milagros, una muerte precoz en largo carnaval. A un precio exclusivo también trabajo las almas: vendo la virtud griega, la humildad cristiana, la incontenible pestilencia burguesa.

Sin embargo, nada es suficiente, ya que trabajo con consumidores exigentes. El poder nunca se sacia, y el cliente siempre lleva la razón: una generación de esclavos bastará para reorganizar todo.

Me crujo los dedos. Mi último trabajo está a punto de empezar.

Señalándolos, entre confianzudo e irrespetuoso

HECTICOR

Señalándolos, entre confianzudo e irrespetuoso, continuó el expositor arengando a su enorme auditorio de científicos —“Y presento a ustedes, colegas, lo que bien considero un inmenso …o ¿Por qué no? el mayor logro científico de muchísimos años –.  Y agregó, ahora sí con franca desfachatez: —Acaso de todos los tiempos –.  Hubo, tras un repentino breve murmullo general, un brusco, inquisidor y expectante silencio. “El artefacto aquí presente”, continuó el expositor, “sólo identificado como un robot,  —y sólo nutrido con aire y otros muy  pocos elementos comunes,—  llora, para la salvación de la humanidad, enormes, grandísimas lágrimas de agua pura”.

Sentado en una habitación

ADRIAN

Sentado en una habitación del palacio de la Inquisición, miraba pensativo a través de la ventana. La luz del sol se filtraba radiante. ¿Cómo era posible negar lo innegable? Sus experimentos habían ofendido a un gran sector y ahora todo le salpicaba violentamente. Mañana sería conminado a confesar su culpa. ¿Pero qué culpa? ¿Acaso era responsable de que el planeta que sus pies pisaban girara alrededor de aquel astro brillante? Sintiendo el peso de los años sobre su gastado cuerpo, la promesa de una tortura le resultó insoportable. Mañana confesaría. Y sin embargo, la tierra seguiría moviéndose.

Soñar no cuesta

Marie Beauvoir

Había dedicado toda su vida a estudiar la hipótesis de Riemann. “Estoy seguro de que he desarrollado la demostración correcta de la conjetura” -se dijo.  Por fin cumpliría su sueño de ser un matemático famoso. Tomó  sus apuntes y su ordenador y se fue al trabajo.  A la hora de la presentación creyó ser la persona más feliz y afortunada del mundo. Ya es hora- dijo el asistente. El auditorio estaba lleno, el acontecimiento sería televisado en directo a todo el país. El quedó tembloroso y mudo frente a todos. Olvidó su miedo a las cámaras.

 

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