“Es que me da miedo la oscuridad”

Libélula

“Es que me da miedo la oscuridad”, repitió Alma arrugando la barbilla.

Su madre se sentó junto a ella en la cama, muerta de amor, y le dijo: “Estoy aquí, ¿me ves?” y sin dar tiempo a respuestas apagó la luz de la mesilla. “¡No puedo verte!”, respondió Alma asustada.

Oyó la voz de su madre: “La oscuridad no es más que la ausencia de luz, Alma. Pero aunque la luz se vaya, las personas y las cosas permanecemos”. La niña encendió la luz, curiosa: luz y oscuridad le parecían ahora magia.

“Pero con luz te quiero más”. Concluyó Alma.

VICTORIA

Juande

Cuando un oncólogo contrae el cáncer, algo en el equilibrio de la ciencia médica se estremece. El triángulo enfermedad, paciente, sanador se convierte en un segmento único de tensiones infinitas, no hacia ambos extremos, sino hacia un cara a cara desigual en que litigar el terreno del tiempo al oponente.

La fuerza que da la experiencia aquí se alía al enemigo. Conocer el qué, el cómo y el dónde de los ataques del rival sólo sirve para adivinar el cuándo de la derrota. Por eso, tras ocho años de contienda, vuelvo definitivamente a casa orgulloso de haberle retardado su victoria.

Debe ser agradable

Ricardo

Debe ser agradable quedarse suspendido como un coloide, con moléculas de agua que te acarician suavemente; aunque en algún momento, sin motivo aparente, éstas empujan en alguna dirección.  El azar es muy extraño. Si nadie tiene poder para cambiar el pasado, tal vez sea imposible cambiar el futuro. Pero tal vez exista un tiempo estático y perfecto como un cristal a cero grados. Sería mejor que no existieran el azar ni los procesos estocásticos, pero entonces no seríamos lo que somos, seríamos otra cosa, quizá ángeles, Dios sabrá. -Aún tiene lucidez: -recordar hacer  las medidas mañana,-piensa justo antes de dormirse.

Lactancia

Isabel Sancho

En la pequeña isla de La Gomera vive una selva antiquísima y autosuficiente.  Sus árboles cosechan el agua directamente de las nubes que se forman en la cumbre. El agua del Atlántico no se precipita sobre la tierra, se escurre suavemente por las hojas, gotea, y empapa el suelo para que beban las raíces. El que lo bautizó lluvia horizontal estaba inspirado, pero no era ningún poeta. Este exuberante ser milenario, cuando tiene sed, solo tiene que lamerle una teta al cielo.

La última prueba

Alexander

—La última prueba de verificación ha concluido también con éxito, Albert. Es increíble, estoy en shock.

—El qubit fotónico ha alcanzado el estado FTL, Nathan.

—Sí, la comunicación ha sido 100% precisa y el entrelazamiento coherente. ¡Ha llegado casi 7 milisegundos antes de partir!

—¡Ey, un momento! ¡Nathan, observa la pantalla, están llegando qubits que no han sido enviados!

—Ni lo serán… No son los nuestros… tienen otro entrelazamiento.

—¿Ves eso?

—¡El qué!

—¡No puede ser!

—¡Mira, tienen un patrón! ¡Decodifícalo con el ordenador!

—Dice: «Albert, Nathan, destruid la máquina AHORA.  Confiad en vosotros mismos. Fdo: A&N»

 

 

 

BREAKING BAD

ALMASY

Cerró los ojos ocultos tras unas gigantescas gafas de buzo y dejó escapar un inoportuno estornudo que casi da al traste con su pulso. A continuación, con la misma delicadeza que acostaba a su bebé cada noche, repartió la última mezcla en siete vasos de precipitado idénticos. Valiéndose de un gotero y aunando la precisión de un francotirador retiró los excesos de cada recipiente. Solo podían alcanzar los 5 mililitros exactos para que la solución final de metanfetamina resultase brillante. En juego estaban su prestigio y el bienestar de su familia. Nada podía salir mal.

En algún Universo

Juan Pablo

En algún Universo paralelo la historia es apenas diferente en el principio. Cae una manzana y Eva la recoge apartándola del mordisco de Adán al grito de “eureka”.

 

El resto de los aconteceres es similar. Consternado y abrumado, el creador clausura las puertas, con todos -Adán, Eva, Dios y la serpiente- fuera.

DESDE EL COSMOS

Florencia

Tomó la escafandra de la mesa y salió a dar un paseo mientras se cocinaba el agua. Respiraba el aire viciado de adentro de su máscara. Las partículas que se mezclaban en las pipetas de su cocina le quitarían aquella incómoda sensación acartonada de la boca.

Miró alrededor. Le asombraba el entusiasmo con el que esperaba la salida de los incipiente brotes de vida nueva. “Una obviedad del pasado”. Millones de estrellas y lo que más echaba de menos era la luz del sol.

GRAVEDAD

Florencia

Una bola de iridio va en caída libre hacia su destino. Indiscutible, veloz… siguiendo su curso sin cavilaciones.

La trayectoria es tan exacta que cualquier otro recorrido parecería forzado.

De todas las realidades, la gravedad parecería ser la ley del destino que nos lleva a nuestro centro de forma magnética, nos empuja a nuestra meta en un envión de coraje… y encima hace girar los planetas. Menuda tarea.

Entendido esto se dejó llevar.

Habría sido como intentar frenar un estornudo.


El joven James trabajaba en un laboratorio. Día y noche. No hacía otra cosa. Experimentaba, como todo en la vida, era una lección de aprendizaje. Probaba a juntar sustancias químicas. Anotaba sus descubrimientos. Creía que estaba cambiando el mundo, pero no era cierto, solo se estaba cambiando a sí mismo. Metamorfosis. Los agujeros de las ojeras colgaban de sus ojos. Parecía un anciano en el espejo. Los años habían transcurrido sin él darse cuenta. Su pelo era de un color blanco níveo. Las arrugas marcaban las dobleces de su rostro. Había encontrado la gravedad de la vida. La Muerte.

Miradas

Maria del Pilar

Nuestras miradas se cruzaron en aquel frío despacho, descubrimos que el silencio puede doler y que nuestra conciencia reacciona empíricamente a ese sentimiento.

Nos habíamos cansado de ser meros observadores de los acontecimientos, espectadores de una realidad injusta.

Era el momento de utilizar hipótesis, refutar teorías, poner en práctica investigaciones y conjeturas, teníamos las herramientas para conseguir un mundo mejor, más igualitario y justo.

Nuestras miradas volvieron a cruzarse y esta vez no había silencio en ellas.

Yo, estrella.

Sergio Vílchez

Aquel pequeño y traslúcido cristal en el que mi ojo se posaba toda noche, me transportada a aquel reino de estrellas parpadeantes. Toda aquella inyección en mis retinas me trasladaba al simple caos del universo. Conocía a muchas estrellas y, además de poder mirarlas con admiración, podía verlas sonreír, incluso a veces escuchaba como conversaban entre ellas. Cada una de ellas tenía un tono definido, su armonía vibraba conmigo, y así lograba, por raro que parezca, sentir sus cambiantes estados de ánimo. Es un mundo mágico en el que quiero vivir. Yo también quería ser una estrella.

CREACIÓN Y EVOLUCIÓN

Patricia

En el vacío sobreviene una gran explosión, millones de partículas se alejan de su origen buscando la fusión. La materia se condensa en algo semejante a  un sol, mientras la energía pulula impetuosa hasta los confines; la evolución comienza para aquella masa primigenia. Omnipresente está la chispa divina, entretanto una inteligencia superior dirige el diseño de la gran obra. El padre tiempo y la madre naturaleza echan a andar los engranajes para tal transformación. La perfección será el producto y al término de nueve meses nacerá un ser humano.

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