El meloncillo ve con el olfato

Con un cuerpo alargado y unas cortas patas, el meloncillo camina con el hocico pegado al suelo en busca de su presa. Siempre de día y huyendo del temido zorro. Mónica Fernández-Aceytuno, bióloga y escritora, nos descubre a este peculiar mamífero muy presente en el sur de la Península Ibérica.

Recibe el nombre científico de Herpestes ichneumon widdringtonii, aunque popularmente se le conoce como meloncillo o mangosta europea. Es una especie de mamífero que pertenece a la familia Herpestidae y es la única especie de mangosta presente en Europa. Su longevidad suele ser de 8 a 20 años aproximadamente.

Características del meloncillo

Su aspecto recuerda al de la mustela por su pequeño tamaño y su forma alargada. El meloncillo tiene un cuerpo alargado que puede llegar a medir un metro, posee una cabeza afilada y una larga cola. En su pelaje predomina los tonos pardos con pequeñas motas más claras que contrasta con el negro de sus pies y hocico.

El peso de este mamífero varía en función de si es macho o hembra, pero suele rondar los 3 kilos. Tiene unas huellas semiplantígradas, es decir, marcan sus cinco dedos y uñas al caminar. Uno de los rasgos más característicos del meloncillo es su pupila que, a diferencia que el resto de carnívoros, es horizontal. Esto lo dota de una mirada un tanto inquietante.

Conoce, de la mano de Mónica Fernández-Aceytuno, al meloncillo. Un pequeño carnívoro que utiliza su olfato para capturar a sus presas

Su forma de caminar es muy similar a la de los reptiles ya que sus cortas patas se hacen casi imperceptibles dando la sensación se desplaza pegado al suelo. Sus extremidades delanteras son más fuertes que las traseras permitiéndole ser una auténtica excavadora. Esta habilidad le permite acceder a madrigueras en busca de alimento.

El meloncillo es uno de los pocos carnívoros diurnos en la Península Ibérica. Como bien expresa Mónica Fernández-Aceytuno, “si hay una especie de carnívoro que se pueda ver a plena luz del día es el meloncillo”. Y es que aprovecha la luz del Sol para cazar y así evita a sus principales depredadores como el zorro o el lince. Se alimenta de conejos, roedores, reptiles, pequeñas aves o insectos.

¿Dónde vive el meloncillo?

El meloncillo suele encontrarse en el monte bajo mediterráneo donde predominan las encinas y alcornoques. Tiene su origen en África pero se estima que hace casi dos milenios cruzó el Estrecho. Su introducción en la Península Ibérica fue como mascota para liberar a los hogares de reptiles y roedores, de similar forma a la gineta.

Prefiere las zonas con abundancia de matorrales o arroyos con zarzas. Y sobre todo, evita aquellas zonas abiertas donde con vegetación de diferente tamaño o cultivos arbóreos donde pueden habitar sus depredadores.

Su presencia es significativamente notable en el Algarve, Sierra Morena, Coto de Doñana y las serranías de Málaga y Cádiz. En los últimos años, este pequeño mamífero está considerada como una especie en expansión debido a la matorralización y abandono de la vida rural. Su presencia ya llega a Arribes del Duero, en zonas con alta presencia de matorrales.

Este carnívoro suele vivir en familia – de entre 5 y 6 meloncillos -. Por la noche, duermen juntos en madrigueras, pero por el día tienden a desplegarse en solitario. Su comportamiento varía en función del género: los machos son muy territoriales, mientras que las hembras campean áreas comunes.

Esta especie se reproduce en cualquier época del año, aunque suelen dar a luz en verano. Las crías suelen permanecer con la madre durante un año entero con quien salen a campear en fila india, “formando trenes de meloncillos”, como dice Fernández-Aceytuno.

Como curiosidad, el meloncillo era una especie muy adorada durante el Antiguo Egipto ya que servían como reguladores de la población de cocodrilos que habitaba en la ribera del rio Nilo.

Si te ha gustado este clip natura en el que Mónica Fernández-Aceytuno nos acerca a este mamífero, te invitamos a seguir aprendiendo sobre nuestra fauna y flora, aquí.