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Magnetismo animal

Tú eras imán, yo metal. Fue cruzarnos y quedar pegados. Tuvimos que compartir unas cervezas para conocernos mejor.

Las leyes de la física justificaban el siguiente paso. E irnos a vivir juntos, consecuencia del movimiento rectilíneo acelerado.

Que otra pieza de hierro puro se te cruzara, ha colapsado mi entropía. He tenido que fundirla para que perdiera ferromagnetismo. Supongo que podrás entenderlo. Venga… No pongas esos ojitos de neodimio, sabes que me vuelven loca.

Patricia Collazo González