Innovación

Tatuar la fruta en vez de etiquetarla ahorra un 99,5 por ciento de emisiones de CO2

«Tatuar» la piel de la fruta en lugar de etiquetarla permite ahorrar toneladas de papel, plástico y pegamentos. La Unión Europea ha aprobado y apoyado la utilización de una técnica de grabado láser en la superficie de los productos frutícolas que elimina o reduce al máximo los residuos del etiquetado convencional.

Una tecnología láser desarrollada por la empresa valenciana Laserfood permite marcar las frutas y verduras frescas para diferenciarlas en el punto de venta sin necesidad de recurrir a envoltorios innecesarios (bandeja, plásticos o etiquetas) y eliminar los residuos, al grabar la piel de la fruta sin dañarla.

Esas fueron algunas de las conclusiones avaladas por el proyecto Ecoinnovación de la Unión Europea (UE) para hallar etiquetas eco para los productos agroalimentarios y de la que Laserfood fue promotor y en el que participaron otras tres empresas españolas y una británica.

Durante la duración del proyecto se redujo al cien por cien el uso de papel, de plásticos y de pegamentos y se redujo un 35 por ciento el consumo de energía respecto a la producción estándar.

El empleo de esta tecnología disminuye, por lo tanto, casi al cien por cien la huella de carbono, puesto que representa un 99,5 por ciento menos de emisiones de CO2 que con el uso de etiquetas de papel tradicionales.

El estudio que hizo en su día la compañía apuntaba que el coste del uso de esta tecnología láser ascendía a 0,90 euros por cada mil marcas, mientras que se disparaba hasta los 15 euros en el caso del etiquetado tradicional.

Su aplicación es aún escasa en España, pero ha tenido una excelente acogida en países como Alemania, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Suecia o Suiza, donde el consumo per cápita de alimentos ecológicos es más elevado y cuyos consumidores están más concienciados con la necesidad de disminuir los residuos.

Esta tecnología láser de marcado indeleble sobre frutas y verduras frescas, que no altera la pieza, está reconocida en el ámbito comunitario por la Dirección General de Sanidad (DGSAN) como un producto seguro para el consumidor.

Para lograr la marca, la pieza pasa por debajo de un haz de luz que proyecta la imagen; el láser libera los aceites de la piel y, después, se aplica un líquido de contraste que, en contacto con esos elementos liberados por el haz de láser, reacciona y fija el trazo.

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