Innovación

Educación innovadora o el “cole” del siglo XXI

Septiembre es el mes de la vuelta al “cole”, pero no todos los escolares disfrutan de la misma experiencia educativa. Sin duda, la educación es uno de los pilares de la sociedad y los proyectos de educación innovadora son esenciales para construir un mundo mejor en el futuro. 

De qué hablamos cuando hablamos de innovación

La innovación en educación es absolutamente imprescindible si atendemos a los datos que arrojan informes recientes de diferentes organismos, desde el Foro Económico Mundial, el Informe de la Fundación COTEC sobre innovación o el propio Informe PISA de la OCDE.

Según un reciente informe del Foro Económico Mundial, la brecha entre las habilidades que las personas aprenden y las habilidades que las personas necesitan es cada vez más obvia, ya que el aprendizaje tradicional no les proporciona a los estudiantes el conocimiento necesario para prosperar.

El documento Nueva visión para la educación: Fomentar el aprendizaje social y emocional a través de la tecnología de este organismo internacional subraya que los candidatos de hoy deben ser capaces de colaborar, comunicarse y resolver problemas, habilidades desarrolladas principalmente a través del aprendizaje social y emocional (SEL, por sus siglas en inglés). Combinado con las habilidades tradicionales, este dominio social y emocional equipará a los estudiantes para tener éxito en la evolución de la economía digital.

Un análisis de 213 estudios mostró que los estudiantes que recibieron instrucción SEL tuvieron puntuaciones que promediaron 11 puntos porcentuales más altos que aquellos que no lo hicieron. Y el aprendizaje SEL potencialmente conduce a beneficios a largo plazo, tales como mayores tasas de empleo y cumplimiento educativo.

Son necesarias innovaciones educativas que, a lo largo de las diferentes etapas formativas, doten a los estudiantes de la información, las habilidades y los conocimientos necesarios para promover su elección de estudios STEM. Estos cambios tendrán influencia también en las habilidades requeridas en el ámbito STEM, agudizándose en la próxima década la divergencia ya existente entre las habilidades requeridas a nivel profesional y aquellas con las que cuentan nuestros jóvenes.

Asimismo, contar con los estudiantes de mayor talento en los ámbitos STEM es crucial para alcanzar mayores cotas de desarrollo en el futuro, por lo que es necesario revertir la tendencia de estos jóvenes a considerar cada vez menos los estudios científico-tecnológicos como una opción.

La situación de España

En España, según datos de Eurostat, sólo 13 de cada 1.000 personas han completado estudios en estos campos. La European Round Table (ERT) advierte que la baja natalidad y el escaso número de estudiantes que eligen carreras STEM suponen un desafío para la selección de recursos humanos en la mayoría de países europeos. Los cambios previstos en la economía y en el mercado laboral en los próximos diez años afectarán a la demanda de profesionales STEM, que va a crecer en mayor medida que la de profesionales de otros sectores.

En la misma línea, el último informe de la Fundación COTEC, que analiza la situación de la I+D+I en España, se detiene en la formación como una de las claves para la generación de líderes en los procesos de innovación. Entre los puntos fuertes de la estructura formativa de la población española destacan el número de graduados universitarios y el elevado porcentaje de éstos que completan estudios en áreas STEM (Science, Technology, Engineer and Maths), que son fundamentales para el desarrollo y la incorporación de innovaciones.

Este mismo documento reconoce, sin embargo, que el mayor obstáculo para la innovación, en el caso español, parece encontrarse en la falta de técnicos con niveles formativos intermedios capaces de implementar dichas innovaciones. La reducción de las tasas de abandono escolar prematuro y la atracción de estos alumnos hacia ciclos de formación profesional parece una política óptima para agilizar los procesos de innovación y mejorar el ajuste entre oferta y demanda laboral.

Por su parte, los informes PISA dejan al descubierto las deficiencias alarmantes en educación científica y tecnológica. Las causas de estos pobres resultados se encuentran no sólo en el nivel básico de conocimientos de los maestros, sino sobre todo en el enfoque del aprendizaje científico en las escuelas. Hay poca o ninguna educación científica en la educación infantil y primaria. Las clases de Biología y Química comienzan cuando los alumnos tienen 10 o 12 años de edad.

5 ejemplos de innovación

Un país

Finlandia es uno de los mejores países del mundo en calidad de alfabetización, aritmética y educación en ciencias. La educación en este país es gratuita, de accesibilidad universal y se financia en su totalidad con la recaudación de impuestos. Se trata del cuarto país a nivel mundial que más dinero invierte en educación por persona.

Es considerada por el gobierno como uno de los derechos fundamentales que tienen todos los ciudadanos y debe su éxito en parte a esto y en parte a la gran inclusión de toda la población, independientemente de su sexo, edad, nacionalidad, situación económica o discapacidad.

Es obligatoria entre los 7 y 16 años. Los estudiantes no deben pagar por ningún material escolar y los municipios garantizan el transporte para aquellos que viven a más de cinco kilómetros de la institución escolar a la que asisten.

Los docentes finlandeses son profesionales altamente valorados y están considerados como uno de los pilares fundamentales del sistema. Tener el título de profesor otorga mucho prestigio y son una figura de gran autoridad dentro de los centros educativos y en toda la sociedad.

La docencia se basa en un sistema de enseñanza personalizado. Desde los primeros cursos se interviene en el proceso de aprendizaje de cada alumno, haciendo énfasis en las debilidades y dificultades que puedan existir. Esto garantiza que los potenciales problemas se diagnostiquen a tiempo y se respeten los distintos ritmos de aprendizaje de cada niño.

El sistema de evaluación evita los números, desalentando así la competencia sin sentido entre alumnos. No se realizan exámenes ni se otorgan calificaciones hasta que los niños alcanzan quinto grado con 11 años, los informes acerca del rendimiento que reciben los padres son de naturaleza descriptiva.

Este sistema educativo fomenta la estrecha participación activa de los padres. Las familias consideran la educación fundamental y la complementan con actividades culturales.

Un colegio

El colegio Joaquim Ruyra, en L’Hospitalet de Llobregat, desafía todos los dogmas del sistema educativo porque estando ubicado en un barrio conflictivo y con el 92% de sus alumnos de diferentes nacionalidades ha logrado mejores resultados que muchos colegios de élite en las últimas pruebas de competencias básicas.

El sistema educativo de este centro está basado en lo que se conoce como comunidades de aprendizaje, un sistema que implica a alumnado, profesorado, padres y madres e incluso a los vecinos del barrio en el proceso educativo.

Las clases se enfocan como actividades prácticas de 20 minutos de duración con grupos interactivos y utilizando diversos materiales, no sólo libros, también recursos digitales y objetos manipulables. Otro de los secretos del éxito de este centro es que no segrega al alumnado, sino que los maestros de educación especial y del aula de acogida se integran en la clase ordinaria.

Del modelo nórdico, los profesores han copiado su interés por la actualización y reconocen que no se limitan a dar clases, sino que leen estudios y revistas científicas y están al día de lo que ocurre en las materias que imparten.

También en el Joaquim Ruyra han conseguido que muchos padres hagan de voluntarios en los grupos interactivos (un 25% de los voluntarios son familiares directos) y también vecinos y vecinas del barrio, ex alumnos o profesores jubilados.

Según la web de las comunidades de aprendizaje, en España hay 209 centros que siguen este sistema, con especial éxito en Andalucía, Castilla-La Mancha y en Cataluña, donde cada año de dos a tres centros educativos se suman.

Un proyecto

ScienceLab comenzó en 2002 su actividad en el ámbito extraescolar con un programa para niños/as de 4 a 10 años. Se basa en la curiosidad innata de los niños y niñas por el mundo que les rodea. A partir de preguntas típicas en estas edades (¿Por qué el cielo es azul?, ¿Por qué hierve el agua?…) los instructores del programa les orientan para que realicen, describan y analicen experimentos que les permita comprender conceptos y procesos complejos de forma apropiada y motivadora para su edad.

Los cursos ofrecen una amplia gama de experimentos apropiados para las diferentes edades y tratan sobre numerosos temas del campo de la Biología, la Medicina, la Química, la Física, la Tecnología, la Astronomía o la Geofísica.

En la actualidad dispone de 10 módulos que se están actualizando de forma permanente, a partir de la experiencia didáctica que ScienceLab acumula. Los cursos se realizan en grupos de 8 alumos y alumnas y duran 14 semanas.

Después de una rápida evidencia de sus resultados, ScienceLab consiguió introducirse desde 2004 en los jardines de infancia y en las escuelas y ya han participado más de un millón de escolares.

Una de las ventajas de ScienceLab es que los padres participan de forma activa en el programa: se les informa desde el inicio y se les proporcionan materiales y orientaciones para reforzar el proceso de aprendizaje de sus hijos después de los cursos. SciencieLab ha conseguido implicar a una red de instructores -entre 50 y 100 instructores al mes- que son personas interesadas en este ámbito educativo, muchos de los cuales son padres, docentes de jardines de infancia y escuelas. 

Está orientado también a disminuir la brecha educativa como consecuencia del entorno sociofamiliar. El programa ha hecho un esfuerzo especial en Alemania por implementarse en barrios empobrecidos, en jardines de infancia donde la población inmigrante representa el 95%. En este contexto, ha conseguido brindar la misma formación de calidad, afrontando las barreras lingüísticas y sociales.

Dos profesores 

César Bona y David Calle son los dos únicos profesores españoles que han llegado a la final del Global Teacher Prize, un premio a la docencia innovadora y comprometida de alcance mundial, por sus propuestas para enseñar. 

César Bona publicó en 2016 el libro Las escuelas que cambian el mundo. Durante un año, este profesor recorrió España visitando “Escuelas Changemakers”, de la mano de la organización internacional Ashoka, con la que Fundación Aquae colabora en el proyecto Red Impulsores del Cambio (RIC).

David Calle es el creador de Unicoos, una plataforma educativa online, y desde 2017 colabora con la Fundación Aquae para difundir la ciencia de manera sencilla y próxima. Este vídeo es un ejemplo de cómo este “profe” puede explicar algo tan aparentemente complicado como las medidas de volumen de manera muy sencilla. Calle es miembro del Consejo de Estrategia y Supervisión de la Fundación Aquae.

Fundación Aquae y la educación innovadora

Desde la Fundación Aquae se trabaja en proyectos que acerquen la Ciencia a los centros escolares y a la ciudadanía en general en un intento de contribuir a paliar la brecha entre el conocimiento científico y la sociedad. El objetivo del proyecto ConCiencia Ciudadana es compartir el conocimiento científico, hacer un “trasvase” de información de los que “observan y razonan” hacia la sociedad. Cada mes, científicos que colaboran con la fundación explican fenómenos científicos a través de un vídeo que puede verse en la web.

Conscientes también del papel esencial del profesorado en la divulgación de las materias STEM, Fundación Aquae lanzó en 2017 el programa de becas CERN. Gracias a ellas, un grupo de profesores de Secundaria y FP participan en un curso de formación impartido en la sede del CERN, el mayor laboratorio de investigación en física de partículas del mundo.

El objetivo de este programa de formación, en el que Fundación Aquae beca cada año a 19 profesores, es doble: por un lado, se pretende mejorar y actualizar sus conocimientos teóricos y técnicos; y por otro, ofrecerles herramientas para que puedan llevar este conocimiento de vuelta al aula, fomentando así las vocaciones científicas entre sus estudiantes.