Conocimiento

Conservar todo el saber en el Archivo Mundial del Ártico

Recopilar todo el saber de la Humanidad en un solo sitio: una bóveda a casi 150 metros por debajo del suelo situada en el Ártico. Esa es la finalidad del Archivo Mundial del Ártico, que se inauguró el pasado mes de marzo, y en el que ya se han depositado una copia de El grito de Edward Munch,  algunos de los goles conseguidos en su carrera por Pelé o la primera Constitución de la Monarquía de Brasil de 1824.

La idea de crear un lugar seguro que funcionara como un gigantesco disco duro donde guardar datos importantes, surgió como imitación al Banco Mundial de Semillas situado en el archipiélago de Svalbard, un espacio que aloja en una antigua mina alrededor de 500 millones de semillas para preservar la biodiversidad del planeta en caso de desastre.

Situado en el mismo lugar, el Archivo del Ártico -al igual que su hermano mayor, el banco de semillas- está preparado para resistir catástrofes naturales, conflictos armados y ciberataques puesto que la información almacenada no se encuentra en red. Los documentos se guardan en un formato de película desarrollado por la compañía noruega Piql que puede resistir más de 500 años sin corromperse.

Esta bóveda digital tiene como objetivo la protección de los datos históricos y científicos (desde obras de literatura clásica hasta revistas científicas) de futuras catástrofes, guerras, ciberataques y de la temida obsolescencia tecnológica. El archivo está a disposición de las instituciones, los gobiernos y las empresas que quieran preservar información a muy largo plazo y de forma muy segura.