Conocimiento

Ciencia y ciudadanía, un binomio colaborativo de éxito

Autor: ©Museos Científicos Coruñeses

Cada vez hay más ciudadanos y ciudadanas que quieren participar en la investigación científica de forma activa aportando su propio conocimiento o sus recursos. Es lo que se ha denominado Ciencia Ciudadana (CC). Los voluntarios, al participar o al promover nuevos proyectos participativos, adquieren nuevas habilidades y aprenden también sobre el propio trabajo investigador, mejorando las interacciones entre ciencia, sociedad y política.

Este escenario abierto, transdisciplinar y participativo está siendo impulsado a escala global por la creciente accesibilidad a las nuevas tecnologías que facilitan que las comunidades de aficionados cada vez tengan más impacto en todos los aspectos de nuestra sociedad, incluida la ciencia.

Un claro ejemplo de esta colaboración es la celebración anual en diversas ciudades de la geografía española, la Semana de la Ciencia, un evento de divulgación científica y participación ciudadana que ofrece al público la oportunidad de conocer de cerca el trabajo que realizan los científicos, sus investigaciones, motivaciones y esfuerzos.

Fundación Aquae se une a esta celebración y apuesta por la participación ciudadana con la celebración de diversas actividades durante la Semana de la Ciencia, como la convocatoria del concurso de Monólogos Científicos o el del Microrrelatos Científicos, el apoyo a los cursos de verano Contar la ciencia, la colaboración con la Fundación CERN & Society o la celebración de Aquae Campus, que este año se celebra en Cartagena.

El Libro Blanco y el Observatorio de la Ciencia Ciudadana

La Comisión Europea impulsa, desde el año 2014, la realización del Libro Blanco de la Ciencia Ciudadana que compila y formula las principales recomendaciones políticas de la comunidad internacional para mejorar la implicación de la sociedad en la ciencia. En este libro se refleja el deseo de la ciudadanía por participar en el proceso colectivo de investigar y divulgar la ciencia y en el que han colaborado representantes referencia de organizaciones ciudadanas, movimientos colectivos, investigadores, educadores, políticos, artistas, divulgadores, instituciones o emprendedores sociales.

Este Libro Blanco ha sido elaborado por Socientize en un proyecto que ha coordinado a todos los agentes implicados en el proceso de la ciencia ciudadana, sentando las bases para este nuevo paradigma de la ciencia abierta. El proyecto promueve el uso de las infraestructuras científicas compuestas de recursos dedicados y externos, incluyendo científicos profesionales y aficionados.

En España, el Observatorio de Ciencia Ciudadana, promovido por la Fundación Ibercivis, ha realizado más de 40 experimentos de CC en los últimos 10 años llegando a más de 50.000 voluntarios de España y del resto del mundo. En su página web se han publicado más de 150 proyectos en los que ciencia y ciudadanía trabajan juntas en áreas de conocimiento muy diversas: biodiversidad y medio ambiente, energía, salud y biotecnología, matemáticas, creación digital, astronomía o ciencias sociales y humanidades, entre otras.

Algunos ejemplos de Ciencia Ciudadana

Proyecto Micromascotas

El proyecto Micromascotas pretende hacer visible el mundo microscópico que nos rodea de la mano de la microbiología, la ciencia ciudadana y la tecnología de fabricación maker, en tres secciones diferenciadas.

El laboratorio de bioquímica urbano de Los César, el Wetlab, ofrece la opción de experimentar con la adopción, en sentido figurado, y cuidado de distintos microorganismos como bacterias, levaduras o hongos.

Desde la web micromascotas.ibercivis.es los voluntarios pueden aprender de manera presencial en formato de talleres prácticos u online técnicas de microbiología básica, características de cada micromascota y la relación que tiene con el ser humano o su importancia y aplicación en la investigación científica.

Uno de los grandes pequeños microorganismos son los ácaros. Esta sección del proyecto es la más catalogada en proyecto de ciencia ciudadana. En ella, se a la gente a que nos envíen una muestra de polvo de sus casas para que mediante microscopía se pueda observar, fotografiar y mapear la microfauna que convive con nosotros y conocer más sobre ellos.

Una vez presentadas las micromascotas y elegida la favorita se puede acceder a otra sección dedicada a la fabricación de biohardware, en la cual se ofrece material didáctico abierto y talleres prácticos para construir uno mismo distintos aparatos, como un pequeño microscopio, un incubador donde poder hacer crecer las micromascotas o un agitador magnético donde preparar el medio de cultivo de los microorganismos.

Elementos indispensbales en cualquier laboratorio científico que podrán fabricar, sobre todo profesores, usando el equipamiento que ofrecen los laboratorios Cesar, como una cortadora láser o una impresora 3D. En conjunto se trata de un proyecto multidiciplinar donde todo el mundo tiene cabida, aunque está enfocado sobre todo a docentes con ganas de innovar en sus clases y a entusiastas de la ciencia y el biohacking.

Global Mosquito Alert

Cada año se producen en todo el planeta 500 millones de casos de enfermedades transmitidas por mosquitos, desde la malaria y el dengue, al zika o la chikungunya. Alrededor de 2,7 millones de personas mueren, sobre todo en África y en América Latina. Esas cifras podrían aumentar debido al calentamiento global y al aumento de temperaturas, que está propiciando que estos insectos se expandan por nuevas zonas del planeta.

Con el objetivo de frenar esa expansión se ha puesto en marcha una iniciativa global, auspiciada por Naciones Unidas e impulsada por el proyecto Mosquito Alert, coordinado por el Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) y el Centre d’Estudis Avançats de Blanes (CEAB-CSIC).

Mosquito Alert es un proyecto de ciencia ciudadana que arrancó en 2013 en Cataluña con el nombre de Atrapa el Tigre y el objetivo de trazar un mapa de la distribución del mosquito tigre por la Península, para estudiar y controlar la expansión de este insecto y la posible llegada a nuestro país del causante de la fiebre amarilla. Comenzaron con una prueba piloto en la provincia de Girona y luego lo extendieron a todo el país.

El proyecto consiste en una aplicación para móvil que se descarga el ciudadano y con la que, en caso de que encuentre un mosquito tigre, puede geolocalizarlo, lo que permite construir en tiempo real un mapa de la presencia de este insecto y de sus sitios de cría.

El éxito de este proyecto, que une a ciudadanía, a científicos y gestores, propició que el equipo de ‘Mosquito Alert’ sirviera de modelo para poner en marcha una nueva iniciativa, que cuenta con el apoyo de Naciones Unidas. La alianza, ‘Global Mosquito Alert’, agrupa a voluntarios y científicos de todo el mundo para seguir y controlar los mosquitos transmisores de enfermedades.

Esta plataforma incorporará otros proyectos de ciencia ciudadana que ya existían en los que el mosquito era también el protagonista, como MosquitoWEb de Portugal; Zanzamapp en Italia; Miggenradar, en Países Bajos; o Invasive Mosquito Project de Estados Unidos, entre otros.

©CREAF

Disk Detective

WISE es una misión de la NASA que está estudiando todo el cielo en infrarrojo. Este proyecto observa a las estrellas para encontrar discos de escombros polvorientos, similares a nuestro campo de asteroides. Estos discos indican que esas estrellas están en sus primeras etapas de formación de sistemas planetarios. Aprendiendo más acerca de estas estrellas podremos saber cómo se formó nuestro Sistema Solar.

Los planetas se forman de enormes nubes de gas, polvo y pedazos de roca. Estas nubes toman la forma de discos con estrellas en el centro. Podemos averiguar dónde se están formando los planetas y dónde probablemente permanecen hoy en día, buscando estrellas que estén rodeadas por estos discos. El descubrimiento de estos discos, llamados «discos de escombros» o «YSO discos» dependiendo de su edad y contenido de gas, ha sido una de las principales misiones de los astrónomos durante las tres últimas décadas.

Disk Detective es el primer proyecto liderado y financiado por la NASA en Zooniverse, una colección de proyectos de Ciencia Ciudadana basados en la web que utiliza el esfuerzo de voluntarios para ayudar a los investigadores con la avalancha de datos a la que se enfrentan. Es también el primer proyecto de crowdsourcing dirigido y financiado por la NASA cuyo principal objetivo es producir resultados científicos publicable.

La misión WISE de la NASA hizo probablemente miles de imágenes de discos de escombros y discos YSO. Por desgracia, estos discos están enterrados entre los millones de imágenes de objetos astronómicos de todo tipo, como galaxias y nebulosas, y mezclados con imágenes que contienen artefactos creados por el propio telescopio. En Disk Detective el científico ciudadano ayudará a los astrónomos a encontrar estos discos, donde residen los planetas extrasolares.

[LEFT: AU Microscopii] – A visible-light image of a debris disk around the red dwarf star AU Microscopii. Planets may be forming, or might already exist, within it. The disk glows in starlight reflected by tiny grains of dust created by the collisions of asteroids and comets. Because it is composed of the pulverized remnants of these objects, it is called a «debris disk.» More than 40 billion miles across, it appears like a spindle of light because we view it nearly edge on (like looking at a dinner plate along its side). The star is about 12 million years old and is only 32 light-years from Earth. This makes its disk the closest yet seen in reflected starlight. It is also the first disk imaged around an M-type red dwarf, the most common type of star in the stellar neighborhood around the Sun. The Hubble Space Telescope images, taken with the Advanced Camera for Surveys (ACS) reveal that the disk has been cleared of dust within about a billion miles of the star (first indicated from infrared-light measurements).
The ACS images confirm that the disk is warped and has small variations in dust density that, along with the central clearing, may be caused by the tugging of an unseen companion, perhaps a large planet. ACS shows that this is the only debris disk known that appears bluer than the star it surrounds. This may indicate that there are more small grains of dust, compared to large ones, than has been seen before in other such disks. Smaller grains scatter blue light better than red. The surplus of small grains may be due to the fact that the star is not bright enough to blow away these tiny particles. In brighter, hotter stars, the pressure from radiation can actually push small dust grains out of the disk and far out into space.
[RIGHT: HD 107146] – This is a false-color view of a planetary debris disk encircling the star HD 107146, a yellow dwarf star very similar to our Sun, though it is much younger (between 30 and 250 million years old, compared to the alm