2019, el año de la Inteligencia Artificial

La Inteligencia Artificial se ha convertido en una prioridad para las empresas para el año 2019, algo que ha dejado patente el reciente CES celebrado en Las Vegas. También porque desde finales del 2018 se está hablando, desde distintos ámbitos, de que estamos ante un año de gran relevancia para el futuro de la I.A.

Blade Runner, La isla, Los nuevos bárbaros, Perseguido, Akira, Daybreakers o Geostorm, son algunas películas que han centrado sus ficciones en el año 2019; sin embargo, los mundos futuros que crearon, no se han producido. No al menos como los plantearon. Pero no se puede negar que estamos ante un momento de progreso y desarrollo de la I.A. como nunca había experimentado. La I.A. arrancó, aproximadamente, en los años cincuenta del pasado siglo, aunque no tuvo su eclosión hasta la década de los noventa, cuando los avances en el terreno del hardware permitieron que evolucionase. Desde entonces ha crecido exponencialmente hasta la presente década que llega a su fin y durante la cual ha dado un salto considerable que en 2019 puede disfrutar de un año clave.

La I.A. y el análisis y transmisión de datos

Una de las principales previsiones sobre la I.A. para este 2019, y sucesivos, será su mejora y enfoque en relación con los análisis de datos, así como el perfeccionamiento de los dispositivos que los transmiten directamente a los usuarios y que tendrá gran impacto en esta era de la Internet de las Cosas (IoT). En este sentido, destacan las Machine Learning y las mejoras en la absorción y transmisión de datos.

-Chatbots

La revista Forbes, al hablar de las posibles transformaciones digitales para el 2019, situaba en segundo lugar de importancia el uso de los Chatbots. Se prevé que para finales del año casi la mitad de las empresas hagan usos de ellos. Las mejoras en el ‘Natural Language Processing’ (NLP) -Procesamiento de Lenguaje Natural- ha ayudado a un gran desarrollo de los Chatbots en cuanto a la interacción que pueden llevar a cabo de cara a los usuarios que los utilicen para consulta o para otras interacciones. La tendencia es que cada vez se están volviendo más parecidos a los humanos en cuanto a las respuestas que dan y a la forma de interactuar.

En este sentido, Fundación Aquae se anticipó en 2018 lanzando a mediados de año su Aqu@bot, el cual relanzará próximamente actualizado y mejorado, enfocado a resolver dudas sobre el Cambio Climático, una iniciativa más de Fundación Aquae en su trabajo de lucha contra con él, programando sus respuestas para preguntas de todo tipo, de las más sencillas a las más complejas.

-Edge Computing / Cloud

El Edge Computing y la tecnología Cloud se convirtieron en tendencia a lo largo del 2018 y han ido creciendo en potencial en los últimos meses, si bien el primero comienza a cuestionar algunas de las posibilidades del segundo. El Cloud, dentro del contexto del Big Data, ha sido fundamental, y seguirá siéndolo, en cuanto al envío de datos e información a la nube pare crear centros o bancos de datos a partir de los cuales realizar diferentes usos de esa información. Con el Edge Computing se pretende evitar el funcionamiento más pasivo del Cloud y, sobre todo, sortear las largas redes de transmisión de datos que se producen desde el Cloud. Es decir, que los datos se puedan procesar de manera más cercana al lugar en dónde se han creado y poder analizarlos casi a tiempo real. No se trata tanto de recolectar datos como de procesarlos de manera directa. Por ejemplo, para innovaciones de dispositivos dentro de la investigación científica y de la salud, sería un avance considerable. Por otro lado, el Edge Computing podrá permitir que dispositivos IoT de conectividad reducida y poco eficiente conectados a una nube central, puedan procesar datos de manera mucho más rápida.

Su adaptación para la I.A. es clave, como, por ejemplo, para vehículos autónomos o drones. A medida que los drones inteligentes, los vehículos autónomos y otros dispositivos inteligentes impulsados por la I.A. se conecten y se comuniquen de manera instantánea a través del Internet de las Cosas, el proceso de enviar datos hasta la nube será muy poco práctica. Muchos de estos dispositivos necesitarán procesamiento y respuesta en tiempo real, lo que hace que la computación avanzada sea la única opción viable. En su interacción con estos elementos basados en I.A., el Edge Computing y el Cloud, en su unión, dan forma a lo que se ha llamado el Fog Computing.

-Blockchain

La tecnología Blockchain es el contraste de la IA. Entonces, ¿por qué lo incluimos? Porque en el fondo tienen una base similar en cuanto a que en ambos casos utilizan algoritmos. Sin embargo, hay diferencias a pesar de su posible complementación. El Blockchain se centra en la validación y la permanencia de datos para lograr mayores niveles de certeza y de control. La I.A., en cambio, está más enfocada, en este sentido, hacia el descubrimiento de oportunidades; el Blockchain, entra en acción para ejecutar. Dos tecnologías enfrentadas en su base pero que, a su vez, se pueden combinar. La I.A. actúa de manera más abstracta, creativa, estudiando las complejidades del entorno, mientras que el Blockchain documenta de manera inmutable, aportando confianza. Dos caras, en el fondo, de una misma moneda.

La I.A. y su cuestionamiento

La presencia en nuestra vida de la I.A. no solo es un hecho en crecimiento, también que no convence a todo el mundo y produce, incluso, cierto miedo ante sus posibles usos y excesos. Hablamos de la presencia de la I.A. en terrenos que pueden mejorar la vida de los individuos, pero también empeorarlas.

En este sentido se encuentra la I.A. en su relación con la recolección y manejo de datos, que ha llegado a las empresas en diferentes aspectos, uno de ellos, a los departamentos de recursos humanos. El uso de la I.A. para la elección de personal y la búsqueda de nuevos talentos es ya una realidad, pero se prevé que, a lo largo de 2019 y en el futuro más inmediato, será algo asentado dentro de muchas empresas. Poner dichas decisiones en manos de máquinas, por muy inteligentes que sean y que sustituyan en mayor o en menor medida el razonamiento humano, es algo que resulta problemático, dado que hablamos del acceso de individuos a puestos de trabajos.

Por otro lado, la previsión es que la I.A. puede ocasionar la pérdida de 1,8 millones de puestos de trabajo debido a la automatización, pero también que se crearán alrededor de 2,3 millones dentro de sectores como la educación, la salud y el sector público. Claroscuros de un progreso tecnológico cuya evolución trae consigo polémicas que tan solo el paso del tiempo mostrará su gravedad o falta de ella.

También hay cuestiones de cariz legal y éticos que están llevando a diferentes instituciones a una mayor regularización para evitar excesos como algunos que se han producido, por ejemplo, el uso de robots que generan comentarios en redes sociales al modo de trolls, ciberataques masivos o la extensión y proliferación de fake news, difícilmente en ocasiones de rastrear, sin olvidar que, una vez que se producen, el daño está hecho. En este sentido, volviendo a los datos, también se teme sobre la falta de transparencia de la I.A. en cuanto al uso que se puede hacer de ellos. Pero la tecnología Blockchain y su relación con la I.A. se presenta como el perfecto camino para la seguridad de la información.

La I.A. se está haciendo con algunas tareas que hasta ahora se encargaba el ser humano. Se habla de cualquier tipo de trabajo basado en obtener información de otras personas para introducirlos en un sistema, así como de labores de atención al público ya sea de manera directa o desde la distancia, o del desarrollo cada vez más avanzado de los vehículos o drones autónomos. Muchos trabajos que permiten funciones automatizadas podrán ser, a medio y largo plazo, sustituidos por máquinas inteligentes.  Por la contra, también podrán llevar a cabo trabajos peligrosos para el ser humano, evitando los riesgos. Algo así, evidentemente, produce temor por mucho que la I.A. pueda también producir un gran número de puestos de trabajo.

Sin duda alguna, la I.A. es una gran herramienta que posee un gran poder, y, ya se sabe, un gran poder requiere de una gran responsabilidad. Y en este particular, surgen las dudas sobre su legalidad y su ética, dos cuestiones diferentes pero conectadas. Hay quien asegura que el control de datos puede ayudar a prevenir crímenes, por ejemplo, pero para otros esto también podría conducir, como Philip K. Dick predijo, a un control de la ciudadanía mucho mayor bajo la excusa de combatir el crimen antes de que este se produzca. Una tecnología preventiva que ofrece no pocas dudas sobre su viabilidad.

Pero el gran miedo que siempre ha despertado la I.A. se debe a su capacidad para sustituir a los seres humanos. Esto es, por su humanización. La rebelión de los robots es una distopía tan antigua como la ciencia ficción que pensó en la posibilidad de un futuro robotizado en el que estas creaciones humanas acaben volviéndose contra sus creadores y tomando el control. Y la paradoja que se presenta es la siguiente: si la I.A. cada vez asume tareas hasta el momento desarrolladas por los humanos, se impone que la I.A. se parezca cada vez más a un ser humano. La cuestión estriba en la capacidad de poner límites para que la dependencia cada vez mayor a la I.A. no se vuelva en contra.

I.A. como posible vehículo creativo de la realidad

El pasado mes de agosto, el portal Cable TV lanzó una canción de la cantante Taylor Swift que no había sido escrito por ella, si no por una red de I.A. en la que introdujeron algunas letras de sus canciones. El procedimiento generó alrededor de cincuenta canciones diferentes sin demasiado sentido, por lo que el equipo encargado del experimento unió frases coherentes de las generadas para crear una canción con dos versos, un coro y un puente. De este modo, el algoritmo compuso una canción que, a priori, podría haber sido escrita por la cantante. Aunque para conseguirlo se necesitaron canciones escritas previamente, en este caso por Swift, se abre un extraño camino para la creación, más basado en una fórmula que en el talento creativo. Por supuesto, siempre han existido fórmulas comerciales estudiadas y que han dado resultado a la hora elaborar productos, en este caso musicales, que tengan éxito y lleguen a un amplio público. Pero la vía que se ha abierto apunta a que, directamente, una máquina inteligente pueda hacerlo.

Por otro lado, los equipos de efectos especiales de Hollywood cada vez usan más la I.A. a la hora de ahorrar trabajo en la elaboración de grandes fantasías visuales, creando algoritmos básicos que son procesados para, después, crear imágenes de manera automática a partir de esos datos. Por ejemplo, mediante marcas de rastreo digitales situados sobre el rostro de un actor se consiguen los datos esenciales sobre su configuración facial para que, después, la I.A. decida la mejor manera, previa comparación con otros datos, para la configuración de ese rostro y transformarlo en una imagen fantástica lo más realista posible. También para crear multitudes en secuencias, trabajo muy laborioso, que en muchos departamentos de efectos especiales ya dejan en manos de la I.A. mediante, en ocasiones, estructuras de clonación de un grupo de diez personas en miles, variando las figuras humanas para conseguir que cada una sea diferente.

Lo anterior tiene otro uso mediante el llamado ‘style transfer’, un método que crea rostros humanos ‘falsos’ de manera sencilla, mezclando características de una imagen con otra. El generador de estas imágenes se basa en tres estilos: grueso (pose, pelo, forma de la cara), medio (características particulares de la cara y ojos) y sutil (color). NVIDIA ha trabajado en la creación de rostros humanos siguiendo la tecnología anterior, dando como resultado una colección de caras que resultan muy complicadas de diferenciar de una real.

Lo anterior puede ser usado, como en el cine o en medios audiovisuales, como forma creativa, sin embargo, no deja, como en general la I.A., de alimentar esa sospecha hacia la sustitución del ser humano por parte de las máquinas inteligentes. En cualquier caso, la I.A. ya lleva un tiempo con nosotros, pero a partir de este año la previsión es un aumento considerable de sus avances. Quizá las películas mencionadas al inicio se adelantaron demasiado al pensar en 2019 como un mundo mucho más tecnológico, también a prever hecatombes generadas por la tecnología. Pero lo cierto es que estamos ante una época de inflexión y de despegue para la I.A. cuyo futuro es, en muchos sentidos, todavía incierto.