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La viajera

Yace en la playa arropada por un grano de arena, pero un rayo de sol la despierta. Agradecida, se esponja y con alas transparentes, vuela muy alto hasta que una fría corriente la hace visible con otras compañeras que forman una nube. Demasiado apretadas, pesan mucho. Llueve. Casi a flor de tierra se encuentra con la raíz de una planta sedienta y la gota de agua se queda con ella y le da de beber; corre tallo arriba, llega a las hojas o la flor, y ya está otra vez mirando al sol de frente.

PABLO FERREIRO ALONSO