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La sed del agua

29/04/2019 - Blog - Joaquín Araújo
En el siguiente texto “La sed del agua”, Joaquín Araújo comparte con nosotros una serie de impresiones sobre lo vital del agua en nuestras vidas y para hablar sobre “la suprema fealdad que suponen las contaminaciones, el despilfarro y el calentamiento en los caudales de la vida” de cómo a veces se trata el agua.
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Poco, o nada, se comprende si no comprendes a lo que te comprende. Esta intencionada retahíla puede resultar más comprensible si afirmo que el aire respira, el agua bebe, la tierra come. O que vemos con dos grandes gotas de agua. O que los seres humanos somos agua que piensa, siente y recuerda.

Incluir estas apreciaciones en nuestra forma de entender la realidad provoca la incorporación de lo humano, tan desproporcionadamente virtual hoy, en lo natural, que es, no lo olvidemos, lo que nos consiente y mantiene. No menos que lo natural nos fecunde como siempre hace con todos los seres vivos. De ahí procede también el título de estos párrafos. Porque poco, o nada, se comprende sobre el agua si no la consideramos como la realidad más sedienta de este planeta.  De ninguna otra forma cabe valorar algunas de las intrusiones de la suprema fealdad que suponen las contaminaciones, el despilfarro y el calentamiento en los caudales de la vida. Paso a recordar.

Los primeros borbotones de sed manan de la todavía manifiesta ignorancia en la que milita nuestra sociedad con relación a los elementos básicos para la vida. Esos que son invariablemente ignorados por los poderes públicos y económicos que tan descaradamente contribuyen a la destrucción del futuro.

En primer lugar, apenas saben qué es el agua, cómo funciona, lo que su sabiduría y creatividad consiguen y cómo proporciona literalmente todo lo esencial… También desconocen, a pesar del auge de las tecnologías de todo tipo, cuánto, cómo, dónde y para qué usamos el agua nosotros mismos. Aberrante resulta, incluso, que el agua no figure en las convencionales contabilidades económicas, aunque lo único correcto sería considerarla como un valioso e insustituible regalo manifiestamente invalorable.



Lo que más brilla por su ausencia es la consideración, para muchos esencial en toda relación con el agua, de que la no gestionada es precisamente la más productiva. Queda arrasada por el olvido la evidencia de que los caudales no sujetos a utilización directa por los humanos son los que consiguen que la vivacidad siga produciendo la continuidad de la vida. Es más, esas aguas libres resultan inseparables del clima que - ¡otra ignorancia! - es la placenta donde se engendra el conjunto de la biosfera. Las plantas y las algas son agua erguida o retenida de la que parte la producción de transparencia para los aires. Es decir que no solo la bebemos, también la respiramos. El oxígeno es una de las producciones del agua misma.

La ausencia de contadores en muchos de los principales puntos de consumo; el regadío y urbanismo ilegales; la superación de los montantes de las concesiones; las múltiples extracciones ilegales que se perpetran diariamente contra los caudales. Todo ello, junto al despilfarro, averías, pérdidas y otros desfalcos consentidos al que es patrimonio común, convierten en necesidad urgente volver a revisar todas las cuentas que sobre el consumo de agua usamos en nuestro país. No menos fijar como caudal ecológico, siempre, los máximos de agua que discurra en libertad por la trama fluvial.

No es baladí la cuestión desde el momento en que, incluso, un ligero desfase en la información básica puede influir en la forma de decisiones sobre políticas de concesión, obra pública a realizar o no, o el mantenimiento de caudales. Es sólo el principio. Porque sobre la abstracta y peligrosa ignorancia se despliega un repertorio de agresiones muy concretas, que en la mayoría de los casos tampoco están todo lo seriamente estudiadas y cuantificadas.



El agua acostada en la noche de los acuíferos está casi toda ella algo o muy contaminada y, casi siempre, explotada muy por encima de la capacidad de reposición. Son solo alguno de los daños colaterales a la agricultura intensiva y química del momento.

A lo largo de los 75.000 km de nuestros cursos fluviales de mayor rango, los cauces transportan, durante casi medio año, aguas que no pueden ser usadas directamente por los humanos. Con lo que caigo en un puro eufemismo. Queda mucho, pues, para cumplir las normativas europeas.

Ni siquiera cabe contemplar como lo más grave la escasez que desquicia a la comunidad botánica, tanto la domesticada como la silvestre. Una de las facetas menos aceptables sobre la salud de nuestro más crucial sistema circulatorio – recordemos que las cuencas y nuestras venas siguen el mismo patrón organizativo – es que la hemorragia sea incesante. Al respecto todos sabemos - pero especialmente alcaldes y regantes - que por las redes de canalización y abastecimiento se pierde todavía más del 20% del caudal controlado por nuestras infraestructuras.

Hay que sumar el despropósito que más ahoga al agua. Me refiero a su descomunal despilfarro en todos los sectores. Desde el más doméstico y cotidiano, con una media de 160 litros por ciudadano y día; hasta el que más líquido elemento usa, la agricultura, que viene precisando casi el 80% de las aguas reguladas en un país como el nuestro. Que, por cierto, es el que más presas por habitante tiene del planeta.  En medio están los ayuntamientos y el sector industrial. En todos estos escenarios se gasta de un 15% a un 40% más del agua estrictamente necesaria. Es decir que cualquiera de las formas y modos de un más ajustado consumo y la evitación de fugas llenarían tanto los embalses como una buena temporada de lluvias.

Por si todo ello fuera poco casi todo lo rige un sistema de aprovechamientos cuajado de ilegalidades, escasa transparencia y no pocas extrañas concesiones, al que por cierto se superpone toda suerte de extracciones ilegales. Sobre todo, en lo que a acuíferos se refiere.

La sed de verdad es la del agua, sed que mana incontenible y, en consecuencia, está secando oportunidades, paisajes y al desarrollo económico sostenible. Se ha extraviado el sentido mismo de lo que el agua es, supone, aporta, recuerda y enseña.

Algo que queda muy claro en el poema de Borges sobre el cuarto elemento al recordarnos que el agua es una metáfora del tiempo.

¿Se estaba acordando el poeta de que en chino agua y eternidad se escriben casi exactamente igual?

¿Vamos nosotros a darle de beber al agua – es decir usarla con moderación, depurarla y respetarla - para que ella nos regale otras eternidades en el futuro?

 

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Sobre el autor

Campesino: dedica la mayor parte de su tiempo a la agricultura ecológica. Ha plantado aproximadamente un árbol por cada día que ha vivido, unos 25.000. Luego se empeña en escribir, hacer radio y cine documental, a dar conferencias, realizar exposiciones y al activismo ecológico y cultural desde hace 50 años. Tiene 34 carnets de otras tantas ongs. De algunas fue fundador y presidente. Colecciona sus propias dimisiones. Está escribiendo sus libros 108 y 109 como único autor. Le han publicado además 11 como coautor y 73 colectivos. A todos ellos acompañan 8 enciclopedias que dirigió y, en parte, escribió. Sus 2.519 artículos han sido publicados en 152 revistas, 19 blogs y 16 diarios. Y sigue. Actualmente escribe con frecuencia en cinco blogs y dos revistas. Comisario de 28 exposiciones y autor de los textos de casi todas ellas. Guionista y/o director de 340 programas de TV, la mayoría documentales. Ha hecho unos 5.700 programas de radio, casi todos con secciones propias. Dirigió también algunos. Tanto en radio como en televisión hizo los primeros directos de Natura de la historia de esos medios en España. Ha dado unas 2.500 conferencias tanto en España como en una decena de otros países. Le persiguen los premios. De los 49 recibidos destacan: el GLOBAL 500 de la ONU, considerado el más importante del mundo en su campo; el Wilderness Writting (solo hay cinco premiados en el mundo); el del BBVA a la difusión de la multiplicidad vital que el más importante que se da en España. Es el único español al que le han concedido dos veces el Premio Nacional de Medio Ambiente. Nominado a los Oscar de Hollywood y a los Goya por su participación en Nómadas del Viento. Es Numerario de la Real Academia de las Letras y de las Artes y medalla de oro de Extremadura. Ha desempeñado 93 oficios a lo largo de su vida. ****Una cuarta parte de todos estos trabajos los ha realizado de forma altruista. A un IES, unas lagunas, un museo, un taller, tres árboles, una fuente y una cima les han puesto su nombre. Y, sobre todo, pretende , aunque seguramente es imposible, salvar a lo que le salva: la NATURA.

 

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