La crisis climática dificulta la erradicación de la pobreza en el mundo

Cada 17 de octubre se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Una conmemoración que busca promover una mayor conciencia sobre las necesidades de los que más sufren en el mundo. El desafío no es otro que lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas, y conseguir así acabar con la pobreza en el mundo.

Cerca de 783 millones de personas en todo el mundo viven aún con menos de 1,60€ al día. Esta cantidad está establecida internacionalmente como el umbral de la pobreza. A esta falta de recursos económicos se añade la falta de acceso a agua potable, a un saneamiento adecuado y a una seguridad alimentaria, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La pobreza es un problema que va contra los derechos humanos en tanto que implica no poder acceder a servicios básicos como el agua, la educación o la salud. Por esta razón, la erradicación de la pobreza es el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible fijado en la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

La consecuencias económicas derivadas de la crisis sanitaria, provocada por la Covid-19, no han hecho más que incrementar la situación de pobreza en el mundo. Tras la pandemia, 500 millones de personas más viven bajo este umbra respecto al año anterior, según advierte la ONU.

Día internacional para la Erradicación de la Pobreza

En 1948 se firmó en la plaza del Trocadero, en París, la Declaración Universal de Derechos Humanos. Casi 40 años más tarde, el 17 de octubre de 1987, más de cien mil personas se reunieron en este mismo lugar para rendir homenaje a aquellas personas que se encuentran en una situación de pobreza extrema. Allí se proclamó que la pobreza era una violación de los derechos humanos y que era necesario aunar esfuerzos para erradicarla.

En 1992, la Asamblea de Naciones Unidas designó el 17 de octubre como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Una oportunidad para dar a conocer la terrible situación que viven millones de personas en el mundo y promover la puesta en marcha de decisiones políticas y estratégicas, a nivel internacional, para construir un futuro sostenible.

Las comunidades más desfavorecidas es donde mayor conciencia medioambiental tienen ya que su vida suele depender de las lluvias o la productividad de sus tierras para alimentarse. Es en estas regiones donde toman sus propias medidas para hacer frente a los desafíos que plantea el cambio climático. Sin embargo, estos esfuerzos pasan desapercibidos para el resto del mundo.

Precisamente, uno de los objetivos de la conmemoración del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza es reivindicar que los esfuerzos mundiales deben estar orientados a construir un mundo equitativo y sostenible. Un mundo en el que haya justicia social y medioambiental para todas las personas.

La crisis climática sobre los más vulnerables

El cambio climático es un problema que afecta, en mayor medida, a las millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza. Porque, aunque la crisis climática nos afecte a todos, la mayor carga de sus efectos recaerá sobre la población con menos recursos para hacerles frente. Por ejemplo, el calentamiento global y el aumento de las temperaturas están provocando que los glaciares se derritan, que se produzcan  mega-incendios o que haya enormes inundaciones. Esto es algo que afecta de manera directa a muchas zonas del mundo, pero en regiones en desarrollo, la capacidad de reacción y reconstrucción es mucho menor.

Igualmente, las sequías en zonas donde las poblaciones tienen problemas de nutrición merman más las cosechas, reduciendo aún más el acceso a alimentos. Esto también puede provocar el aumento del nivel del mar o la desaparición de ecosistemas marítimos, que sirven de sustento a millones de personas.

La erradicación de la pobreza es necesaria para acabar, a su vez, con el cambio climático

Si logramos frenar el calentamiento global no solo estaremos protegiendo la salud de nuestro planeta y sus ecosistemas, sino también hasta 450 millones de personas verían reducidos los riesgos de vivir en la pobreza por un cambio drásticos del clima del lugar en el que viven.

Según el Banco Mundial, evitar que la temperatura aumente 2ºC, supondría que entre 100 y 400 millones de personas pasaran hambre por la escasez de alimentos. Y entre 1.000 y 2.000 millones no contarían con agua suficiente para su supervivencia. Además, para el 2080 se estima que el rendimiento mundial de cultivos se reduzca en un 30%, lo cual implica una pérdida enorme de alimentos.

La mayoría de las personas en situación de pobreza no tienen seguro médico, y, por tanto, se encuentran sumidos en una crisis de salud. La crisis climática hará que enfermedades como la malaria o la diarrea severa, la desnutrición o el estrés aumenten con la subida de las temperaturas.

Por tanto, luchar contra el cambio climático es también luchar contra la pobreza, para impedir que las diferencias sociales sean cada vez mayores. También para alcanzar el ODS número 1, perseguir la consecución del resto y trabajar por un mundo más sostenible para todos. Luchar a favor de la erradicación de la pobreza y de la justicia social y medioambiental es luchar por los derechos humanos.

Erradicar la pobreza es una obligación de todas las sociedades.