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La caja de Skinner

Un foco me cegó la vista y de repente sentí que caía vacío. Cuando recuperé la vista, confuso y aletargado, no supe donde estaba. Por un cristal veía humanos que me observaban con detenimiento todos los días. A veces me daban comida y otras, se me erizaba el pelo y una sensación dolorosa me recorría desde los bigotes hasta la cola. Nunca supe por qué. Ellos reían alegres y se daban palmadas en la espalda cada vez que ponía mis patitas en una palanca. ¡Qué peculiares son los humanos!
Inés de la Hoz Tenreiro