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Justicia retributiva

Esa noche los gatos del vecindario entraron furtivamente en la casa del sádico culpable, se encaminaron hacia su habitación, lo ataron sigilosamente sin despertarlo y lo asfixiaron hasta el desmayo. Luego llevaron el cuerpo flácido a la Prisión Maldita y, liberando previamente al felino encarcelado, lo encerraron de por vida. —Va a ver ese Schrödinger lo que se siente que jueguen con su función de onda—, maulló con resentimiento el rescatado, y todos rieron y se fueron de juerga.  
Héctor García