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Jaque mate al cáncer

Porque había perdido demasiados trenes en su vida planificó con esmero aquel viaje, quizás sin retorno. Estampó su firma en montañas de formularios y devino cobaya humana. La  gastrectomía parcial y los sucesivos ciclos de quimio no habían funcionado y decidió jugárselo todo a esa carta. Con una biopsia y un análisis del ADN tumoral habían fabricado una vacuna personalizada para los neoantígenos que merodeaban por lo que quedaba de su estómago y los ganglios linfáticos circundantes.

Su oncólogo y él se abrazan efusivamente. Habían conseguido ganarle la partida al cáncer.

 
Dolores Asenjo Gil