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Historias del cambio

Testigo de la carrera espacial

Juan Pedro Rodríguez trabajó en España para la NASA desde 1971 a 1999. Fue testigo de la llegada del hombre a la Luna y del desarrollo de la carrera espacial y de varias misiones Apolo. A través de su experiencia y conocimiento nos comparte la importancia de aquellos avances para la tecnología, la ciencia y la sociedad.

Entré a la NASA, en España, en el año 1971. Dos años antes, el hombre había llegado a la Luna. Desde siempre había sentido una gran pasión por la astronáutica y la cosmología, por lo que el 20 de julio de 1969 me parecía un día muy importante para toda la sociedad. Por entonces no tenía televisión y pasé la noche entera en casa de mis padres siguiendo las noticias. Además del impacto del momento, viví aquel logro con la sensación de estar, como dijo Neil Armstrong, asistiendo a un gran paso para la humanidad.

Viví la llegada a la Luna con la sensación de estar ante un gran paso para la humanidad.

 

Un anuncio de la NASA en el periódico

A comienzos de los años setenta trabajaba en el laboratorio de aparatos de medida de Telefunken -diseñando dos puestos para el montaje y pruebas de la banda de televisión en color- y vi un anuncio en el periódico para trabajar en la NASA en España. Además de unos estudios muy específicos, pedían un alto nivel de inglés. Llamé y, tras media hora de conversación en inglés, estaba prácticamente contratado.

En febrero de 1971 comencé a trabajar, pero durante alrededor de un año asistí en la estación de Cabreros a un entrenamiento muy específico. Allí se encontraba una antena y un equipo que ahora pertenece a la ESA (Agencia Espacial Europea). En aquellos años trabajábamos en el Complejo alrededor de 400 personas; ahora debe de haber poco más de 100, ya que mucho del trabajo que hacíamos se ha automatizado y desde Estados Unidos se controla casi todo.


Tras ese período de formación, pasé a trabajar en receptores y transmisores; tiempo después, gracias a mis conocimientos, me trasladaron a trabajar en servomecanismos y antenas, y fui responsable de su mantenimiento. La estación se dividía en dos secciones importantes: operaciones y mantenimiento. A partir de ellas se desarrollaba el trabajo en la estación para que la nave se pudiese conectar con la Tierra desde el espacio. Debido a los cambios de horarios, a veces nos tocaba ir a cualquier hora de la madrugada y siete días a la semana, porque teníamos que estar en el momento preciso en el que las naves podían contactar con las estaciones terrestres.

Trabajábamos unas 400 personas; ahora debe de haber 100: el trabajo se ha automatizado.

 

Trabajar en el Jet Propulsion Laboratory

A comienzos de los años ochenta pasé más de dos años en el Jet Propulsion Laboratory, en Pasadena (Los Ángeles), junto a otros 15 compañeros de la estación en España. Habían pasado ya 10 años desde la última misión Apolo y todo estaba cambiando mucho a nivel tecnológico y técnico, y se dieron cuenta de que los equipos se estaban quedando anticuados. Por eso, querían contar con la ayuda, conocimientos y experiencia de quienes habíamos trabajado en las Estaciones Espaciales en esos equipos durante todos esos años. Además de nosotros, vinieron de otras estaciones como de Goldstone (California) y Camberra (Australia).

En la NASA querían hacer nuevos diseños y necesitaban la experiencia de quienes habíamos trabajado desde dentro durante años, para ayudar a quienes debían diseñar los nuevos controladores y evitar problemas y fallos de diseño que podrían ser catastróficos para las antenas. Por mi parte, tuve la suerte de hacer un equipo que era un simulador: este debía comportarse como si fuesen las antenas y, conectado con los nuevos controladores, simular el funcionamiento de aquellas, generando a voluntad de un operador averías que los controladores debían detectar.  Un sistema que gustó mucho en la NASA, porque simulaba averías o cualquier tipo de problema y, a partir de ahí, se podían modificar los programas y mejorar la forma de reaccionar.

 

Influencia de la carrera espacial

La carrera espacial tuvo una gran importancia para los avances tecnológicos, científicos y sociales.

Al principio el motivo que movió a los gobiernos estadounidense y ruso a iniciar la carrera espacial fue de prestigio y, aunque la inversión económica de la administración de Kennedy fue enorme (al final se superó más de diez veces el presupuesto inicial), estoy seguro de que esa gran inversión, a la larga, repercutió en la sociedad gracias a todos los avances que ha ido aportando la carrera espacial

Los avances de la carrera espacial han repercutido en la sociedad.

A veces es necesario esperar tiempo para recoger los frutos de una inversión en investigación, y este es un caso muy claro de sus beneficios. Otro ejemplo es el CERN: hay gente que se queja del gasto que supone, pero allí los científicos e ingenieros, al resolver nuevos proyectos, realizan inventos y avances en los diversos campos de la tecnología y encuentran muchas soluciones que pueden ayudar a la sociedad.

Por ejemplo, desde mi experiencia, el desarrollo de la informática se puede apreciar muy bien en el cambio desde aquellos equipos tan grandes y “lentos” a los que se utilizan ahora. Así como la programación: muchos avances que se hicieron en este campo de cara a la carrera espacial se aplicaron posteriormente a las comunicaciones y hasta a la informática doméstica.

 

Queda mucho por descubrir

Desde el inicio de la carrera espacial se investigaba constantemente para conseguir más avances y equipos más rápidos y fiables. Era necesario construir naves cada vez más complejas, poner en ellas cada vez más instrumentos científicos, darles la energía eléctrica que necesitan, investigar los efectos de la ingravidez en los astronautas y el diseño de los trajes para que pudieran salir de la nave y trabajar en el espacio… Los trajes espaciales han sido otro ejemplo de evolución hacia una mayor eficiencia.

Estos son algunos de los muchos problemas que se tuvieron que resolver y que, además de conseguir soluciones para esos casos concretos, después suponían avances que se pudieron adaptar a muchos más campos.

El hombre va a volver a la Luna, para volar hacia Marte.

Y todavía hay mucho que descubrir y avanzar. Por eso creo que el hombre va a volver a la Luna, porque Marte es el nuevo horizonte por conquistar, y se necesitará ir a la Luna para poder volar hacia Marte de manera directa; y, claro, después regresar. De ahí a su vez la relevancia de haber encontrado agua en la Luna, porque con el sol y algunos procesos químicos se puede separar hidrógeno y oxígeno, y así conseguir el combustible que necesita un cohete para salir de la Luna en dirección Marte y volver a ella.

 

 

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