Enol

Enol tenía nombre de lago. Sin embargo, vivía en una ciudad subterránea que no salía en los mapas y por eso nadie sabía que existía, a pesar de que allí abajo había luz por doquier gracias a la fábrica de agua que alimentaba a los dragones de la electricidad. Los inventores de aquel inframundo nunca salían de su madriguera, solo los exploradores, y es que la única pega que la ciencia aún no había podido solventar era que el agua se pudiera comer con cubiertos como si fuera un bistec.

Marta Finazzi Martínez