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Empirismo

Algo no iba bien.  Se escuchaban ruidos por  la conducción del agua. Cerró el grifo.  El escandaloso rechinar  se detuvo. No será nada. Se enjabonó. Pero cuando abrió de nuevo, el aceite de la fritura que había tirado al mediodía por la fregadera embadurnó todo su cuerpo. El ovillo de pelos que había echado por la taza del váter esa misma mañana se desmadejó por la alcachofa hasta envolverla como una momia.  El plato de la ducha se inundó de peces muertos y su mente, por fin, de clarividencia.

Ana Sarrías Oteiza