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El soberbio, el codicioso, el egoista

Conseguir el poder de Dios, esa es la idea.

El soberbio atesora el O2 para cuando empiece a padecer el mal de altura, algo que duda, pues su arrogancia es superior a su asfixia.

El codicioso estaría dispuesto a todo (incluso a hacer trampas), aunque su saturación fuese inversamente proporcional a su fatiga.

El egoísta piensa que va sobrado de oxígeno y que, si le faltara, le darían todo el que necesitase.

Los tres agonizan, el dolor de cabeza es insoportable.

Todos perecen.

MAR VELAD MARTÍN