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El sentimiento de culpa

Cogí el teléfono a la desesperada, cuando amagaba un último timbrazo.

      Buenos días, ¿podría hablar con la señora Ramos?

-     Sí, soy yo, buenos días.

-    Le contacto desde el servicio técnico. Es en relación con el ordenador que usted nos dejó para reparar.

-     ¿Y qué ha sido?

-    Pues no ha sido un fallo del disco duro, ni de la memoria, ni del procesador.

-    ¿Entonces?

-    Al culpable se le escucha detrás de usted.

Y el gato se escondió avergonzado tras el sofá maullando un mea culpa.
Marta Fernández Martín