La Sima de San Pedro y su peculiar lago

La Sima de San Pedro, de origen kárstico, es única en Europa debido a sus grandes dimensiones, a su valor geológico y ecológico excepcional. En su interior, hay un enorme lago oculto.

La Sima de San Pedro se encuentra entre las localidades de Oliete y Ariño, en la Sierra de Arcos, en la provincia de Teruel. A mediados del siglo XIII, Don Blasco de Alagón, señor de esas tierras, cedió varios terrenos a la orden cristiana de los Mercedarios. Los cedió para que pudiesen explotarlos.

En 1320 se conoce ya la existencia de una capilla. Fueron los monjes quienes, pensando que el poblado de origen ibérico que se encontraba cerca de allí era de origen griego, bautizaron el lugar como “La Sima de San Pedro de los griegos”. Un territorio que, se cree, estuvo cubierto completamente de agua, lo cual explica la existencia de su gran hendidura, la cual se abre a pocos metros del cauce del río Martín.

Geografía y geología de la Sima de San Pedro

La Sierra de Arcos es una cresta en España. Está ubicada en la provincia de Teruel y la región de Aragón, en la zona oriental del país, a 270 km al este de la capital Madrid. En la zona prevalece un clima de estepa frío. La temperatura media anual de la zona es de 16 ° C. El mes más cálido es julio, cuando la temperatura promedio es de 28 ° C, y el más frío es diciembre, con 5 ° C. La precipitación media anual es de 495 milímetros. El mes más lluvioso es noviembre, con un promedio de 77 mm de precipitación, y el más seco es agosto, con 22 mm de precipitación.

Se trata de un asombroso pozo troncocónico de origen kárstico. Su boca posee 100 metros de diámetro y una profundidad estimada de 108 metros hasta la superficie del lago que ocupa su fondo. La Sima de San Pedro posee, además, una extraordinaria verticalidad que dota al conjunto de una visión muy profunda, creando la sensación de poseer, incluso, más hondura. El lago posee cerca de 4.000 metros cuadrados de extensión, lo cual permite la convivencia de especies animales diversas. Debido a esta forma, durante mucho tiempo, habitantes de la zona consideraron esta zona un lugar mágico, por lo oculto de su interior; también, de manera ocasional, como una puerta al inframundo.

Origen

El origen de la La Sima de San Pedro se debe a una dolina (cueva subterránea) que sufrió un proceso erosivo ascendente que ocasionó que su techo se derrumbase, de ahí que los materiales que se pueden observar sean las calizas del jurásico recubiertas por margas arcillosas. Es un oasis de especies naturales de clima húmedo dentro de una región caracterizada por la aridez y las temperaturas extremas y posee un ecosistema singular, por dos razones. Por un lado, por las 25 especies de animales vertebrados que alberga -anfibios, aves, reptiles y mamíferos-, con una colonia de murciélagos de gran valor a contarse en ella hasta ocho especies diferente. Por otro lado, porque posee su propio microclima y ofrece disponibilidad de agua en un paraje tan árido.

Una biodiversidad peculiar

La Sima de San Pedro es un refugio de una gran biodiversidad en medio de una zona (Sierra de Arcos) caracterizada por la aridez y las temperaturas extremas, tanto en verano, como en invierno. En las paredes de su cavidad se abren abundantes grietas. En ellas se refugian poblaciones de nueve especies de aves y sietes especies de murciélagos; gorrión doméstico y chillón, grajilla, chova piquirroja, vencejo real, avión común y roquero, estornino negro, paloma bravía, murciélago ratonero, orejudo, común, borde, montañero, hortelano y rabudo. Esta variedad convierte al lugar en un paraíso para los ornitólogos. Pues durante el amanecer y al atardecer pueden contemplar cómo estas especies de aves entran y salen, con un claro orden, mientras nidifican.

El lago de la La Sima de San Pedro está poblado por la rana común, sapo partero y por la culebra viperina. Fuera del agua abunda la culebra escalera, con algunos ejemplares que pueden alcanzar hasta metro y medio de longitud. La disponibilidad de nutrientes, agua y energía solar permite la proliferación de algas en el agua o en la orilla. Dicha característica permite el desarrollo de importantes poblaciones de artrópodos, moluscos, anfibios y roedores.