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El impulso de la ciencia

Dios no estaba seguro, había anotado todo en un gran cuaderno que tenía bajo el árbol, ni siquiera sabía cómo iba a inventar los cuadernos, o los árboles. No quería que todo fuese simétrico, eso lo volvería aburrido, entonces lo decidió: Nada igual: los humanos iban a calcular cuánto medía esto, o cuánto pesaba aquello, y así todo sería perfecto, cada uno con un punto de vista distinto pero que todos llegaran a la misma conclusión, de esta manera, nadie iba a estar conforme. Así se creó la duda.

Jacobo Antonio Ramírez Urbina