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El ciclo del agua

El mar se había convertido en nuestro ecosistema favorito para vivir. Entre tantas gotas había encontrado el amor. Éramos felices.
Un día, el sol me abrasó y sentí que mi cuerpo ya no era líquido. Me había evaporado y me elevaba hacia el cielo dejando en el mar a mi amada gota. El viento me empujó hacia arriba. Allí empecé a tener frío y me junté con otras gotas. Así, formamos las nubes.
Una mañana el aire nos agitó y las nubes colisionamos. En un choque escapé. Estaba precipitándome hacia el mar en forma de gota. De lejos pude ver a mi amada esperándome.

Todo comienza con la concepción de una simple molécula, engendrada por hidrógeno y oxígeno. De entre toda la inmensidad del mar, sólo unas pocas son las elegidas para la aventura. Dan sus primeros pasos en una nube, condensando todo tipo de información. Luego, comienzan las precipitaciones: tiempos de incertidumbre, de cambios de estado. Superada dicha fase,  es época de plenitud, de encontrar esencias afines y de vencer obstáculos. Irremediablemente después, fluyen con la escorrentía, no se puede remontar el río. Finalmente, vuelven a la infinidad del océano; dando paso de nuevo, al ciclo de la vida.